Est es la novena entrega de las crónicas por Florencia y la Toscana, y es la continuación de Toscana Project 2026 - 08 (en Emeshing.com)
Recogí el coche en el parking, porque en Florencia aparcar gratis cerca del centro es prácticamente una misión imposible, y desde allí nos fuimos hacia Pisa. Después de una hora y cuarto en coche por una autovía de dos carriles mal asfaltada, aparcamos en una zona azul bastante cercana al centro monumental y, después de rodear un tramo de la muralla, entramos por una de sus puertas directamente a la Piazza dei Miracoli.
Y la verdad es que la primera imagen impresiona. De un solo vistazo tienes delante las cuatro grandes piezas del conjunto monumental de Pisa: el Baptisterio, la Catedral de Santa Maria Assunta, el Camposanto Monumentale y la famosísima Torre inclinada, que en realidad no deja de ser el campaile o campanario de la catedral. Todo ello colocado sobre una enorme extensión de césped verde que contrasta muchísimo con el blanco y gris del mármol de los edificios. Es una de esas imágenes que has visto cientos de veces en fotografías, pero que en directo gana bastante. Todo el conjunto está reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO.
La construcción de la Catedral de Santa Maria Assunta comenzó en 1064 bajo la dirección de Buscheto, fue consagrada en 1118 y se terminó hacia finales del siglo XII. Pisa estaba entonces en su momento de máximo esplendor como república marítima y parte de la obra se financió con el botín obtenido en la expedición pisana contra Palermo de 1063. El resultado fue un nuevo estilo, el románico pisano, que después tendría una enorme influencia en otras iglesias de Toscana, Cerdeña y Córcega.
El exterior juega continuamente con el mármol claro, las columnas y las galerías de arcos, creando una sensación bastante diferente a la del Duomo de Florencia. También destaca su gran cúpula elíptica, muy poco habitual para la época; la estructura es medieval, mientras que parte de su decoración exterior se realizó alrededor de 1380. Pisa quería demostrar con esta catedral hasta dónde había llegado su poder económico y marítimo, y viendo el tamaño del conjunto casi mil años después queda claro que discreción no era precisamente lo que buscaban.
Pero evidentemente el gran protagonista es la Torre inclinada de Pisa. Su construcción comenzó el 9 de agosto de 1173 y, después de levantar los primeros niveles, el terreno empezó a ceder. La combinación de suelos blandos y unos cimientos poco profundos provocó la inclinación que acabaría convirtiéndola, paradójicamente, en uno de los monumentos más famosos del mundo. Las obras estuvieron detenidas durante décadas, se retomaron en el siglo XIII y la torre no quedó terminada hasta el XIV.
La inclinación continuó aumentando lentamente durante siglos hasta convertirse en un problema serio. En 1990 la torre llegó a cerrarse al público cuando se aproximaba a unos 5,5 grados de inclinación, con la parte superior desplazada aproximadamente cinco metros respecto a la vertical. Después llegó una operación de ingeniería espectacular: en lugar de intentar enderezarla completamente, se extrajeron de forma extremadamente controlada pequeñas cantidades de terreno bajo el lado norte. Con ello se redujo la inclinación aproximadamente medio grado, devolviéndola a una situación similar a la que tenía a comienzos del siglo XIX y permitiendo reabrirla en 2001.
Visitar la torre era una de esas cosas que tenía pendientes desde mi primer viaje a Italia cuando era joven. Nada más entrar ya resulta curioso encontrarte con ese enorme cilindro prácticamente hueco y notar físicamente que el suelo está inclinado. Pero donde más se percibe es mientras subes sus 273 escalones: vas cambiando constantemente la sensación de pendiente según giras alrededor de la torre.
Arriba las vistas merecen mucho la pena. Ves perfectamente toda la Piazza dei Miracoli, los tejados de Pisa y buena parte de la ciudad. Incluso se distingue bastante bien el estadio del Pisa Sporting Club, la actual Cetilar Arena, históricamente conocida como Arena Garibaldi-Romeo Anconetani.
Después de bajar visitamos la Catedral de Santa Maria Assunta, mucho más interesante por dentro de lo que puede parecer cuando toda la atención se la lleva la torre.
Desde allí pasamos al Baptisterio de San Giovanni, iniciado en 1152 y considerado el baptisterio más grande de Italia. Durante nuestra visita parte estaba en obras, aunque pudimos subir a la galería superior, desde donde tienes otra perspectiva espectacular del interior y, sobre todo, unas vistas magníficas hacia la Catedral y la Torre. Además, el Baptisterio es famoso por su extraordinaria acústica, consecuencia de su curiosa doble cúpula.
Terminamos la visita entrando en aquello que yo había apuntado simplemente como “la zona de los porches”. Su nombre correcto es Camposanto Monumentale, un enorme cementerio monumental comenzado en 1277 y organizado alrededor de un gran patio central rodeado de galerías. Sus paredes conservan un espectacular ciclo de frescos medievales sobre la vida y la muerte, entre ellos el famoso Triunfo de la Muerte de Buonamico Buffalmacco.
Al salir volvimos a tener delante esa imagen que probablemente sea con la que me quedo de Pisa: la Torre, la Catedral, el Baptisterio y el Camposanto recortados sobre un enorme césped verde. Puede parecer un sitio demasiado turístico y demasiado visto en fotografías, pero cuando estás allí el conjunto funciona. Y sí, después de tantos años teniéndola pendiente, subir a la Torre inclinada de Pisa mereció totalmente la pena.
Continuará en el próximo post en Toscana Project 2026 - 10 (en Emeshing.com)




























