jueves, septiembre 10, 2026

Toscana Project 2026 - 13: Santa Crocce de Firenze - Galileo Galilei - Michelangelo - Maquiavelo - Dante Alighieri #Florencia #Firenze #SantaCrocce #GalileoGalilei #Michelangelo #Maquiavelo #DanteAlighieri

Y llegamos a la entrega número 12 de mis crónicas por la Toscana, que llega después del Toscana Project 2026 - 12 (en Emeshing.com)

Nos levantamos con aún ganas de descubrir los rincones de esta rica en arte Florencia. Después de ducharnos y desayunar para coger fuerzas, nos dirigimos a la Piazza di Santa Croce de Firenze, presidida por la enorme fachada de mármol blanco, verde y rosa de la Basílica de Santa Croce. A estas alturas del viaje ya habíamos visitado bastantes iglesias, museos y palacios, pero Santa Croce tiene un carácter diferente porque reúne en un mismo lugar religión, arte y buena parte de la memoria histórica de Italia.




La presencia franciscana en esta zona de Florencia se remonta al siglo XIII. La actual iglesia empezó a construirse hacia 1294-1295, probablemente siguiendo el proyecto de Arnolfo di Cambio, el mismo arquitecto relacionado con otros edificios fundamentales de Florencia como el Duomo y el Palazzo Vecchio. La iglesia quedó prácticamente terminada a finales del siglo XIV, aunque su actual y llamativa fachada llegó muchísimo después, ya en el siglo XIX, y fue completada en 1865. Santa Croce está considerada además la mayor iglesia franciscana del mundo.

Al entrar sorprende su enorme nave y la sensación de amplitud, pero enseguida empiezas a mirar hacia el suelo y las paredes porque Santa Croce funciona casi como un panteón de las grandes figuras italianas. Aquí están enterrados o recordados algunos de los personajes que habíamos ido encontrando constantemente durante nuestro viaje por Toscana.

Uno de los primeros grandes nombres es Miguel Ángel o Michelangelo, fallecido en Roma en 1564. Cosme I de Medici impulsó que su cuerpo regresara a Florencia y que recibiera aquí una tumba monumental, iniciando precisamente esa tradición de convertir Santa Croce en el lugar donde rendir homenaje a los grandes personajes de la ciudad. Su monumento funerario fue diseñado por Giorgio Vasari y resulta bastante difícil pasar por delante sin detenerse después de haber pasado tantos días viendo obras de Miguel Ángel por toda Florencia.



Muy cerca aparece otro gigante, Galileo Galilei, que murió en 1642 y cuyo monumento funerario terminó instalándose aquí en 1737. Galileo Galilei fue un científico italiano fundamental para el nacimiento de la ciencia moderna. Sus observaciones con el telescopio demostraron que la Tierra no era el centro del universo y reforzaron la teoría heliocéntrica de Copérnico, enfrentándolo a la Iglesia. Además, sus estudios sobre el movimiento y la caída de los cuerpos sentaron las bases de la física moderna.

También encontramos la tumba de Nicolás Maquiavelo, autor de El Príncipe, además de las de Gioachino Rossini, Vittorio Alfieri o Ugo Foscolo. Paseando por la iglesia prácticamente vas saltando varios siglos de historia italiana de una tumba a otra.

Y después está Dante Alighieri, cuya enorme estatua ya habíamos visto en el exterior de la basílica. Dentro encontramos su monumento funerario, aunque sus restos siguen descansando en Rávena, ciudad donde murió en 1321 después de haber sido expulsado de Florencia. De alguna manera resulta curioso que uno de los florentinos más universales tenga un lugar tan destacado dentro de Santa Croce mientras su tumba real continúa fuera de su ciudad natal.

Santa Croce también permite volver a encontrarnos con Giotto, otra de las figuras que aparecen constantemente cuando recorres Florencia. Las familias de ricos banqueros florentinos financiaban capillas privadas dentro de las iglesias y encargaban su decoración a los mejores artistas disponibles. Las capillas Bardi y Peruzzi conservan importantes ciclos de Giotto: en la Bardi pintó escenas de la vida de San Francisco y en la Peruzzi historias de San Juan Bautista y San Juan Evangelista.

Precisamente durante nuestra visita la Capilla Bardi estaba en proceso de restauración, con los trabajos dirigidos a conservar unos frescos realizados por Giotto a comienzos del siglo XIV. Una pequeña lástima, porque se consideran una de las grandes obras del artista, aunque después de varios días en Florencia ya teníamos asumido que conservar todo este patrimonio requiere restauraciones prácticamente continuas.

Otro punto muy interesante aparece al salir hacia el claustro: la Capilla Pazzi, diseñada por Filippo Brunelleschi, el arquitecto de la espectacular cúpula del Duomo. Fue encargada por la poderosa familia Pazzi durante el siglo XV y representa perfectamente la nueva arquitectura renacentista, basada en la geometría, las proporciones y la búsqueda de equilibrio. Su historia además enlaza con otro episodio que habíamos ido encontrando durante nuestro recorrido por Florencia: la famosa conspiración de los Pazzi contra los Medici en 1478, que acabó con la familia expulsada de la ciudad y las obras de la capilla interrumpidas.

En la sacristía encontramos también una obra con una historia especialmente interesante, el enorme Crucifijo de Cimabue, pintado antes de 1288. Cimabue fue maestro de Giotto y representa ese momento en el que la pintura medieval empieza poco a poco a evolucionar hacia una representación más humana y natural.

El crucifijo se convirtió además en uno de los símbolos de la terrible inundación de Florencia del 4 de noviembre de 1966. El agua y el barro entraron en Santa Croce y dañaron gravemente numerosas obras. El Crucifijo de Cimabue perdió alrededor del 60 % de su superficie pictórica y necesitó un larguísimo proceso de restauración. Verlo hoy permite apreciar la obra y al mismo tiempo recordar hasta qué punto estuvo cerca de desaparecer.

Después de recorrer el claustro y el resto del complejo salimos nuevamente a la Piazza di Santa Croce. Resulta bastante fácil entender por qué esta iglesia terminó siendo conocida como el Panteón de las glorias italianas. Miguel Ángel, Galileo, Maquiavelo, Dante, Giotto, Brunelleschi, Cimabue… en una sola visita aparecen buena parte de los nombres que explican la historia cultural de Florencia y de Italia.

Y todavía hay una última curiosidad relacionada con Santa Croce. Cuando el escritor francés Stendhal visitó Florencia en 1817 salió precisamente de esta iglesia describiendo palpitaciones, vértigo y una enorme emoción provocada por la cantidad de belleza artística que acababa de contemplar. Décadas después aquella sensación acabaría popularizándose con el nombre de síndrome de Stendhal. Después de tantos días acumulando Duomos, Botticellis, Leonardos, Rafaeles, Miguel Ángeles, palacios y frescos por toda Florencia, empezábamos a entender perfectamente a qué se refería.

 Y llegamos al final de la penúltima entrega de mis crónicas por la Toscana, mañana la última con Toscana Project 2026 - 14 (en Emeshing.com)


Toscana Project 2026 - 12: Galleria dell'Accademia - David de Michelangelo Buonarroti #Toscana #Florencia #Firenze #Accademia #David #Micheangelo #MiguelAngel #arte

 Y llegamos a la entrega número 12 de mis crónicas por la Toscana, que llega después del Toscana Project 2026 - 11 (en Emeshing.com)

Por la tarde nos esperaba una de las visitas que más ganas tenía de hacer en Florencia: la Galleria dell'Accademia, conocida sobre todo por albergar una de las esculturas más famosas de la historia, el David de Miguel Ángel.

La Accademia nació en 1784 vinculada a la Academia de Bellas Artes de Florencia y fue concebida inicialmente como un espacio donde los estudiantes pudieran estudiar directamente grandes obras de pintura y escultura. Con el tiempo fue incorporando numerosas piezas procedentes de iglesias y conventos florentinos, aunque toda la visita acaba girando inevitablemente alrededor de Michelangelo Buonarroti.

Nada más avanzar hacia la gran Tribuna comienza una especie de preparación para el encuentro con el David. En el largo pasillo aparecen los cuatro Prigioni o Esclavos, enormes figuras que parecen estar intentando salir literalmente de los bloques de mármol.

Estas esculturas fueron concebidas para el gigantesco proyecto de la tumba del papa Julio II y quedaron inacabadas. Precisamente por eso resultan tan interesantes, porque permiten ver muy bien la técnica de Miguel Ángel. Las figuras parecen ir apareciendo poco a poco desde la piedra, como si el escultor estuviera liberándolas del interior del bloque.

También encontramos el San Mateo, otra obra inacabada de Miguel Ángel encargada originalmente para la Catedral de Florencia, y la llamada Piedad de Palestrina, atribuida tradicionalmente al artista aunque su autoría ha generado bastante debate. La Accademia reúne actualmente la mayor colección de esculturas de Miguel Ángel del mundo.

Y finalmente llegamos al David. La estatua impresiona bastante más en directo que en cualquier fotografía. Mide 5,17 metros y pesa más de cinco toneladas, así que cuando entras en la Tribuna y la ves al fondo domina completamente el espacio.


Miguel Ángel o Michelangelo realizó el David entre 1501 y 1504, cuando todavía era muy joven, utilizando además un enorme bloque de mármol que otros escultores habían empezado a trabajar décadas antes y habían terminado abandonando.

La escena representa a David justo antes de enfrentarse a Goliat. La honda aparece casi escondida sobre el hombro, mientras todo el cuerpo transmite tensión: la mirada fija, las manos, los músculos de las piernas o las venas perfectamente marcadas.

Cuanto más te acercas, más detalles aparecen. También llaman mucho la atención el tamaño de las manos y de la cabeza, proporciones que probablemente tenían relación con la posición elevada para la que inicialmente había sido concebida la escultura.

El destino original del David era uno de los contrafuertes de la Catedral de Florencia, pero una comisión formada por artistas entre los que estaban Leonardo da Vinci, Botticelli y Perugino decidió finalmente colocarlo delante del Palazzo Vecchio. Allí permaneció desde 1504 hasta 1873, convertido en uno de los grandes símbolos de la fuerza y la independencia de Florencia.


En 1873 el David de Michelangelo Buonarroti fue trasladado hasta la Accademia para protegerlo de la intemperie. El traslado fue una operación bastante complicada: se necesitaron varios días para recorrer poco más de un kilómetro por las calles de Florencia. Años después se completó la gran Tribuna diseñada especialmente para albergarlo, donde continúa actualmente.

Antes de terminar la visita recorrimos también otras salas, entre ellas la Sala del Coloso, donde se encuentra el enorme modelo del Rapto de las Sabinas de Giambologna. La versión definitiva en mármol ya la habíamos visto en la Loggia dei Lanzi, así que aquí resultaba curioso contemplar el modelo utilizado para preparar aquella complicada composición de tres cuerpos girando uno alrededor del otro.


Salimos de la Accademia después de otra buena dosis de Renacimiento. Durante los días anteriores ya habíamos visto obras de Miguel Ángel en iglesias, plazas, los Uffizi y otros puntos de Florencia, pero encontrarte delante del David completa de alguna manera todo ese recorrido.

Continuará en la entrega de  Toscana Project 2026 - 13 (en Emeshing.com)


miércoles, septiembre 09, 2026

Toscana Project 2026 - 11: Palazzo Pitti - Rafael - Tiziano - Rubens - Tintoretto - Caravaggio #project #cronica #viaje #viatge #travel #Toscana #Florencia #Pitti #PalazzoPitti #PalacioPitti

Y llegamos al episodio número 11 de mis crónicas por la Toscana, que llega después del Toscana Project 2026 - 10 (en Emeshing.com)

Nuevo día desde nuestra base en Florencia. Desayunamos a base de zumo de naranja, tostadas con mantequilla y mermelada (el sabor de la mermelada va cambiando según el día a mi gusto), pastelitos varios, fruta, yogures de sabores varios y un buen caffe latte. Este episodio está dedicado a nuestra visita a uno de los grandes centros de poder de la ciudad, el Palacio Pitti, situado justo al otro lado del Arno, en pleno barrio de Oltrarno.

Empezamos la mañana cruzando hacia la enorme Piazza de' Pitti, donde el palacio impresiona enseguida por sus dimensiones y por esa fachada de grandes bloques de piedra que transmite perfectamente la importancia de quienes lo ocuparon. Su construcción comenzó a mediados del siglo XV para Luca Pitti, un rico banquero florentino que quería levantar una residencia capaz de competir con los grandes palacios de los Medici.

En 1549 el edificio fue adquirido por Eleonora de Toledo, esposa de Cosme I de Medici, y a partir de entonces se convirtió en la gran residencia de la familia gobernante de Florencia. Durante los siglos siguientes el palacio fue creciendo hasta convertirse en el mayor de la ciudad. Por sus habitaciones pasaron primero los Medici, después los Habsburgo-Lorena y finalmente los Saboya. Cuando Florencia fue capital del Reino de Italia entre 1865 y 1871, incluso el rey Víctor Manuel II residió aquí.

Gran parte de nuestra visita se centró en la Galería Palatina, situada en las antiguas salas de representación del palacio. La sensación es bastante diferente a la de los Uffizi. Aquí los cuadros cubren las paredes casi por completo, mezclados con esculturas, enormes marcos dorados, muebles, lámparas y techos decorados. Más que visitar una pinacoteca, parece que estés paseando por una gran residencia real todavía cargada de obras de arte.

Uno de los grandes protagonistas es Rafael, del que Pitti conserva una colección espectacular. Entre sus obras destaca la Madonna della Seggiola, una pintura circular en la que la Virgen abraza al niño Jesús mientras San Juan Bautista aparece a su lado. 


También vimos La Velata, otro de sus grandes retratos, famoso por la elegancia del personaje y por el impresionante trabajo en las telas. A su alrededor aparecen obras de Tiziano, Rubens, Tintoretto, Andrea del Sarto o Caravaggio, por lo que el recorrido se va haciendo bastante intenso. A esas alturas del viaje ya llevábamos una buena sobredosis de Renacimiento, pero resulta difícil cansarse cuando vas encontrando delante obras que has visto durante años en libros o reproducciones.

También recorrimos los Apartamentos Reales, que ayudan bastante a entender cómo se utilizaba realmente el palacio. Salones, dormitorios, tapices, muebles y decoración muestran que Pitti fue durante siglos una residencia de poder además de un enorme contenedor de arte.

Desde el propio palacio también se entiende su relación con los Jardines de Boboli, construidos detrás del edificio y convertidos posteriormente en uno de los grandes modelos del jardín italiano. El conjunto formado por el palacio y los jardines representa perfectamente esa Florencia de los Medici que quería demostrar riqueza, cultura y poder en cada detalle.

Después de varias horas recorriendo salas y galerías salimos de Pitti para volver hacia el centro. Cada día en Florencia parecía añadir una nueva pieza a la historia de los Medici: primero sus palacios, después las iglesias que financiaron, los artistas a los que protegieron y ahora la residencia desde la que gobernaron buena parte de Toscana.



tra mañana intensa de arte e historia antes de continuar disfrutando de Florencia.

Hasta aquí el capítulo de hoy de mis crónicas por Firenze y la Toscana italiana. Mañana continuaré explicando más en Toscana Project 2026 - 12 (en Emeshing.com) 


Toscana Project 2026 - 10: Lucca - Montecarlo - Vinci #Toscana #project #cronica #viaje #Lucca #Luca #Montecarlo #Vinci #LeonardoDaVinci

Y llegamos a la décima entrega de mis crónicas por la Toscana, que llega después del Toscana Project 2026 - 09 (en Emeshing.com)

Salimos en coche del calorazo de la Piazza dei Miracoli de Pisa para continuar nuestra ruta por la Toscana. Nuestra siguiente parada era Lucca, una ciudad que queda a poco más de media hora de Pisa y que, aunque hoy vive bastante a la sombra turística de Florencia, tuvo una enorme importancia durante la Edad Media.

Durante la época lombarda fue capital del Ducado de Tuscia y, posteriormente, los marqueses de Toscana establecieron aquí su residencia. Su situación junto a la Via Francigena, el comercio y especialmente su potente industria de la seda la convirtieron durante siglos en una de las ciudades más ricas de la región. Más adelante Florencia acabaría imponiéndose como gran potencia toscana, pero Lucca consiguió algo bastante excepcional: conservar durante siglos una importante independencia política.

Lo primero que sorprende al llegar son sus espectaculares murallas renacentistas, que rodean completamente el casco histórico a lo largo de unos 4,2 kilómetros. Fueron construidas principalmente entre los siglos XVI y XVII para defender la ciudad de sus poderosos vecinos, aunque curiosamente nunca tuvieron que resistir un gran asedio. Hoy su parte superior se ha convertido en un enorme paseo arbolado por donde la gente camina, corre o va en bicicleta.

Dentro de las murallas Lucca resulta muy agradable para recorrerla andando. Pasamos por la Piazza dell'Anfiteatro, una de sus imágenes más características, que conserva perfectamente la forma elíptica del antiguo anfiteatro romano sobre el que fueron construyéndose las casas. Se entra a través de pequeños arcos y, una vez dentro, parece que hayas llegado a una plaza completamente cerrada y aislada del resto de la ciudad.




También fuimos encontrándonos con algunas de las muchas iglesias que han hecho que Lucca sea conocida como la ciudad de las cien iglesias. Entre las más importantes están San Michele in Foro, levantada sobre el antiguo foro romano y con una espectacular fachada llena de columnas, y la Catedral de San Martino, otro gran ejemplo del románico pisano-lucchese. Y sobresaliendo entre los tejados aparece la curiosa Torre Guinigi, una torre medieval que tiene la particularidad de contar con varias encinas creciendo literalmente en su parte superior. Lucca mezcla iglesias, callejuelas medievales, plazas y torres sin dar en ningún momento sensación de gran ciudad, y quizá ahí está buena parte de su encanto.

Después de pasear por el centro paramos a comer y volvimos al coche. La siguiente parada fue en un pueblo más pequeño llamado Montecarlo, y no precisamente el de Mónaco. Este Montecarlo se encuentra en lo alto de una pequeña colina rodeada de viñedos y debe su nombre a Carlos IV de Luxemburgo, que ayudó a liberar Lucca del dominio pisano en el siglo XIV. El lugar acabó llamándose Mons Caroli, el “Monte de Carlos”.

Montecarlo es uno de esos pequeños pueblos que encajan perfectamente en una ruta en coche por la Toscana. Su casco histórico todavía está rodeado parcialmente por murallas y en su punto más alto se encuentra la Fortezza del Cerruglio, una fortaleza que fue ampliándose entre los siglos XIV y XVI por la importancia estratégica de esta zona, disputada durante mucho tiempo por Pisa, Lucca y Florencia. Paseamos por sus pocas calles, vimos la Colegiata de Sant'Andrea y disfrutamos de las vistas sobre las colinas y los viñedos que rodean el pueblo.



Y precisamente el vino es otra de las señas de identidad de Montecarlo. Alrededor del pueblo se extiende la zona de la DOC Montecarlo, una denominación bastante pequeña y menos conocida que Chianti, pero con una larga tradición vinícola. A esas alturas del viaje ya empezábamos a tener claro que en Toscana puedes desviarte casi por cualquier carretera secundaria y acabar encontrándote otro pueblo medieval encaramado a una colina y rodeado de viñedos.

Nuestra última parada del día fue Vinci, inevitable después de haber estado durante todo el viaje encontrando referencias a Leonardo por Florencia y por toda la Toscana. El pueblo se encuentra entre colinas cubiertas de olivos y viñedos y gira, como es lógico, alrededor de su habitante más famoso, Leonardo da Vinci, nacido en 1452 en esta zona, concretamente en Anchiano, a pocos kilómetros del centro de Vinci.

En el centro encontramos varias referencias al genio renacentista. Una de las más llamativas es L'Uomo di Vinci, la gran escultura de Mario Ceroli inspirada en el Hombre de Vitruvio, instalada frente al Castello dei Conti Guidi. Es una estatua de Leonardo Da Vinci que incluye interpretación tridimensional de uno de sus dibujos más reconocibles, encerrando la figura humana dentro de una gran estructura geométrica.

Muy cerca está la iglesia de Santa Croce, vinculada directamente con Leonardo porque conserva la antigua pila bautismal en la que se cree que fue bautizado el 16 de abril de 1452. La zona del baptisterio está decorada actualmente con el conjunto escultórico Il Battesimo di Leonardo, obra de Cecco Bonanotte, dedicado precisamente a aquel momento. En una de las paredes también se reproduce la anotación que hizo su abuelo, Antonio da Vinci, dejando constancia del nacimiento de Leonardo el día anterior.

Vinci es pequeño y se visita bastante rápido, pero tiene gracia terminar aquí una ruta por Toscana después de haber visto durante los días anteriores tantas obras, inventos e historias relacionadas con Leonardo. Más que grandes monumentos, lo bonito es imaginar que este paisaje de colinas, viñedos, olivos y pequeños pueblos era precisamente el paisaje que veía Leonardo cuando era niño.

Ya con el día acabándose volvimos al coche para regresar a Florencia, pero esta vez evitando durante un buen tramo las carreteras principales. Nos metimos por pequeñas carreteras que subían y bajaban entre colinas, atravesando pueblos, campos de olivos y preciosos viñedos. Con la luz del final de la tarde, seguramente fue uno de esos trayectos en coche que acabas recordando casi tanto como alguno de los sitios que has visitado.

Y así, poco antes de anochecer, volvimos a nuestra base de operaciones en Florencia después de completar otro día bastante intenso.

Hasta aquí el post de esta entrega de mis crónicas, luego sigo con Toscana Project 2026 - 11 (en Emeshing.com)


martes, septiembre 08, 2026

Toscana Project 2026 - 09: Pisa - Piazza dei Miracoli - Catedral de Santa Maria Assunta - campanile torre inclinada #Pisa #Toscana #project #viaje #cronica #PiazzaMiracoli #torreinclinada #SantaMariaAssunta

Est es la novena entrega de las crónicas por Florencia y la Toscana, y es la continuación de Toscana Project 2026 - 08 (en Emeshing.com)

Recogí el coche en el parking, porque en Florencia aparcar gratis cerca del centro es prácticamente una misión imposible, y desde allí nos fuimos hacia Pisa. Después de una hora y cuarto en coche por una autovía de dos carriles mal asfaltada, aparcamos en una zona azul bastante cercana al centro monumental y, después de rodear un tramo de la muralla, entramos por una de sus puertas directamente a la Piazza dei Miracoli.

Y la verdad es que la primera imagen impresiona. De un solo vistazo tienes delante las cuatro grandes piezas del conjunto monumental de Pisa: el Baptisterio, la Catedral de Santa Maria Assunta, el Camposanto Monumentale y la famosísima Torre inclinada, que en realidad no deja de ser el campaile o campanario de la catedral. Todo ello colocado sobre una enorme extensión de césped verde que contrasta muchísimo con el blanco y gris del mármol de los edificios. Es una de esas imágenes que has visto cientos de veces en fotografías, pero que en directo gana bastante. Todo el conjunto está reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO.

La construcción de la Catedral de Santa Maria Assunta comenzó en 1064 bajo la dirección de Buscheto, fue consagrada en 1118 y se terminó hacia finales del siglo XII. Pisa estaba entonces en su momento de máximo esplendor como república marítima y parte de la obra se financió con el botín obtenido en la expedición pisana contra Palermo de 1063. El resultado fue un nuevo estilo, el románico pisano, que después tendría una enorme influencia en otras iglesias de Toscana, Cerdeña y Córcega.

El exterior juega continuamente con el mármol claro, las columnas y las galerías de arcos, creando una sensación bastante diferente a la del Duomo de Florencia. También destaca su gran cúpula elíptica, muy poco habitual para la época; la estructura es medieval, mientras que parte de su decoración exterior se realizó alrededor de 1380. Pisa quería demostrar con esta catedral hasta dónde había llegado su poder económico y marítimo, y viendo el tamaño del conjunto casi mil años después queda claro que discreción no era precisamente lo que buscaban.

Pero evidentemente el gran protagonista es la Torre inclinada de Pisa. Su construcción comenzó el 9 de agosto de 1173 y, después de levantar los primeros niveles, el terreno empezó a ceder. La combinación de suelos blandos y unos cimientos poco profundos provocó la inclinación que acabaría convirtiéndola, paradójicamente, en uno de los monumentos más famosos del mundo. Las obras estuvieron detenidas durante décadas, se retomaron en el siglo XIII y la torre no quedó terminada hasta el XIV.

La inclinación continuó aumentando lentamente durante siglos hasta convertirse en un problema serio. En 1990 la torre llegó a cerrarse al público cuando se aproximaba a unos 5,5 grados de inclinación, con la parte superior desplazada aproximadamente cinco metros respecto a la vertical. Después llegó una operación de ingeniería espectacular: en lugar de intentar enderezarla completamente, se extrajeron de forma extremadamente controlada pequeñas cantidades de terreno bajo el lado norte. Con ello se redujo la inclinación aproximadamente medio grado, devolviéndola a una situación similar a la que tenía a comienzos del siglo XIX y permitiendo reabrirla en 2001.

Visitar la torre era una de esas cosas que tenía pendientes desde mi primer viaje a Italia cuando era joven. Nada más entrar ya resulta curioso encontrarte con ese enorme cilindro prácticamente hueco y notar físicamente que el suelo está inclinado. Pero donde más se percibe es mientras subes sus 273 escalones: vas cambiando constantemente la sensación de pendiente según giras alrededor de la torre.

Arriba las vistas merecen mucho la pena. Ves perfectamente toda la Piazza dei Miracoli, los tejados de Pisa y buena parte de la ciudad. Incluso se distingue bastante bien el estadio del Pisa Sporting Club, la actual Cetilar Arena, históricamente conocida como Arena Garibaldi-Romeo Anconetani

Después de bajar visitamos la Catedral de Santa Maria Assunta, mucho más interesante por dentro de lo que puede parecer cuando toda la atención se la lleva la torre. 

Desde allí pasamos al Baptisterio de San Giovanni, iniciado en 1152 y considerado el baptisterio más grande de Italia. Durante nuestra visita parte estaba en obras, aunque pudimos subir a la galería superior, desde donde tienes otra perspectiva espectacular del interior y, sobre todo, unas vistas magníficas hacia la Catedral y la Torre. Además, el Baptisterio es famoso por su extraordinaria acústica, consecuencia de su curiosa doble cúpula.

Terminamos la visita entrando en aquello que yo había apuntado simplemente como “la zona de los porches”. Su nombre correcto es Camposanto Monumentale, un enorme cementerio monumental comenzado en 1277 y organizado alrededor de un gran patio central rodeado de galerías. Sus paredes conservan un espectacular ciclo de frescos medievales sobre la vida y la muerte, entre ellos el famoso Triunfo de la Muerte de Buonamico Buffalmacco. 


Al salir volvimos a tener delante esa imagen que probablemente sea con la que me quedo de Pisa: la Torre, la Catedral, el Baptisterio y el Camposanto recortados sobre un enorme césped verde. Puede parecer un sitio demasiado turístico y demasiado visto en fotografías, pero cuando estás allí el conjunto funciona. Y sí, después de tantos años teniéndola pendiente, subir a la Torre inclinada de Pisa mereció totalmente la pena.

Continuará en el próximo post en Toscana Project 2026 - 10 (en Emeshing.com)


Toscana Project 2026 - 08: San Galgano - Abbazia di San Galgano - Ermita de Montesiepi - Monteriggioni - San Gimignano #Toscana #SanGalgano #Montesiepi #Monteriggioni #SanGimignano #travel #cronica

 Este post representa la octava entrega de las crónicas por Florencia y la Toscana, y es la continuación de Toscana Project 2026 - 06 (en Emeshing.com)

Salimos de Siena ya comidos y fuimos a buscar el coche, que habíamos dejado aparcado fuera de las murallas. Allí nos esperaba nuestro Opel Mokka automático, que por cierto iba realmente fino. Después de movernos los primeros días básicamente a pie y en transporte público por Florencia, tener coche nos permitía cambiar completamente de escenario y empezar a recorrer esa Toscana de carreteras secundarias, colinas y pequeños pueblos que tantas veces hemos visto en fotografías.

Nuestro primer destino de la tarde era San Galgano, a unos cuantos kilómetros al suroeste de Siena. El camino ya empieza a justificar el desplazamiento: carreteras atravesando campos, bosques y pequeñas poblaciones, con ese paisaje toscano en el que parece que alguien ha colocado cuidadosamente cada ciprés, cada casa y cada viñedo.

Y al llegar a San Galgano aparece una imagen bastante diferente a todo lo que habíamos visto hasta ese momento. En mitad del campo se encuentran las enormes ruinas de la Abbazia di San Galgano, una abadía cisterciense cuya construcción comenzó a principios del siglo XIII y que hoy se conserva completamente sin tejado. El abandono progresivo del monasterio hizo que acabara derrumbándose durante el siglo XVIII, dejando una enorme iglesia gótica abierta directamente al cielo.


Precisamente eso es lo que la hace tan especial. Entras entre enormes muros de piedra, columnas y ventanales góticos, pero en lugar de encontrar un techo sobre tu cabeza ves directamente el cielo de la Toscana. El suelo es prácticamente de hierba y la sensación es la de estar entrando en el esqueleto perfectamente conservado de una gigantesca catedral medieval. Además disfrutamos de una boda en directo hablada medio en inglés medio en italiano, que por cierto tenía muchos invitados alemanes.

Muy cerca está además la Ermita de Montesiepi, relacionada con la historia de San Galgano. Allí se encuentra una de las curiosidades más sorprendentes de toda esta zona: una auténtica espada clavada en una roca, asociada a Galgano Guidotti, un caballero del siglo XII que según la tradición abandonó las armas para dedicarse a la vida religiosa. La espada, datada aproximadamente alrededor de 1170, permanece todavía incrustada en la piedra. Inevitable pensar en el mito de Excalibur, aunque aquí la historia toscana tiene su propia versión.


Dejamos San Galgano y volvimos al Mokka negro con matricula italiana para continuar la ruta hacia Monteriggioni. Y aquí cambiamos completamente de escala. Si San Galgano impresiona por la grandiosidad de sus ruinas, Monteriggioni es justamente lo contrario: un pueblo diminuto encerrado dentro de una fortificación medieval casi perfecta.


Antes incluso de llegar ya se distingue en lo alto de una colina su característica muralla circular. Monteriggioni fue construido por los sieneses entre 1213 y 1219 como posición defensiva frente a su gran rival, Florencia. Todavía conserva unos 570 metros de muralla y sus 14 torres, formando esa especie de corona de piedra que incluso mencionó Dante en la Divina Comedia.

Entrar por una de sus puertas es casi como atravesar directamente hacia la Edad Media. Dentro tampoco hay demasiado que recorrer: una plaza central, la pequeña iglesia de Santa Maria Assunta, algunas calles, tiendas y restaurantes. Pero precisamente ahí está su encanto. Monteriggioni no necesita grandes monumentos porque el monumento es prácticamente el pueblo entero.

Dimos una vuelta tranquilamente por el interior y volvimos de nuevo al coche. El día todavía tenía una última parada y probablemente una de las más conocidas de toda la Toscana: San Gimignano.

Llegar a San Gimignano también tiene su gracia porque desde cierta distancia empiezan a aparecer sobre la colina sus famosas torres medievales. Es una imagen bastante extraña para un pueblo relativamente pequeño y explica perfectamente su apodo de “Manhattan de la Edad Media”. En su época de máximo esplendor llegó a tener alrededor de 65 torres; actualmente sobreviven trece, suficientes para crear uno de los perfiles urbanos más reconocibles de Italia.

Las torres no eran simplemente decorativas. Las grandes familias de la ciudad competían entre ellas construyéndolas como demostración de riqueza y poder, de manera que cuanto más importante era una familia, mayor podía ser su torre. El resultado, siglos después, es este curioso skyline medieval que hace que San Gimignano sea completamente diferente al resto de pueblos que habíamos visitado.

Entramos caminando por sus calles de piedra hasta llegar al centro, con la Piazza della Cisterna y la Piazza del Duomo como puntos principales. A esas horas el pueblo empezaba además a cambiar de ambiente. Parte de los visitantes que llegan durante el día iban desapareciendo y las calles comenzaban a estar algo más tranquilas, algo que siempre se agradece en lugares tan turísticos.

San Gimignano conserva muy bien esa sensación de ciudad medieval compacta, con calles estrechas, palacios de piedra y las torres apareciendo continuamente por encima de los edificios. Su centro histórico es Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1990, precisamente porque mantiene de forma excepcional su estructura urbana medieval.

Aquí decidimos terminar nuestra jornada y cenar en San Gimignano. Después de Siena, San Galgano y Monteriggioni ya llevábamos unas cuantas horas de monumentos, carreteras y pueblos medievales, así que tocaba simplemente sentarse, comer algo y disfrutar del ambiente antes de emprender el regreso.

Ya de noche volvimos a subir al Opel Mokka y pusimos rumbo hacia Florencia, que durante todo el viaje funcionaba como nuestra particular base de operaciones. Llegábamos cansados, pero con la sensación de haber aprovechado muchísimo el día: habíamos empezado la mañana en Siena y terminado cenando bajo las torres de San Gimignano, pasando por una abadía sin techo y por una pequeña fortaleza medieval perdida entre las colinas.

Un día bastante completo y, sobre todo, muy Toscana. De esos en los que el trayecto entre un sitio y otro forma casi tanta parte del viaje como los lugares que vas visitando.

Hasta aquí el post de hoy sobre mis crónicas por la Toscana. Después continuará en Toscana Project 2026 - 09 (en Emeshing.com)



lunes, septiembre 07, 2026

Toscana Project 2026 - 07: Siena - Piazza del Campo - Palazzo Pubblico - Catedral de Siena - Porta del Cielo #Siena #Toscana #travel #cronica #PiazzaCampo #PortaCielo

Este post representa la sépitima entrega de las crónicas por Florencia y la Toscana, y es la continuación de Toscana Project 2026 - 06 (en Emeshing.com)

Después de ducharnos y desayunar en el hotel, nos fuimos hacia la preciosa Siena. Digo lo de ducharnos a veces, pero es que durante estos días nos duchábamos entre dos y tres veces al día para resistir el calor. Al sol era prácticamente imposible aguantar, aunque en cuanto encontrabas una buena sombra la cosa mejoraba bastante.

Antes tocaba recoger el coche. Fuimos hasta la Europcar más cercana y allí nos esperaba un Opel Mokka, que nos fue bastante bien durante los días que utilizamos el coche para movernos por la Toscana. Cómodo, tamaño razonable y suficiente para nosotros y las maletas. Lo que nos sorprendió menos favorablemente fue el estado de algunas carreteras y autostrade italianas, con un asfalto bastante más maltrecho de lo que esperábamos.

Después de aproximadamente una hora y media llegamos a Siena, una de esas ciudades que prácticamente desde el primer momento te deja claro que tiene algo especial. Su centro histórico conserva perfectamente su estructura medieval, con calles estrechas que suben y bajan continuamente hasta desembocar en uno de los espacios urbanos más impresionantes que hemos visto durante el viaje: la Piazza del Campo.


Esta plaza es verdaderamente espectacular!!! Visita obligada!!! Tiene una peculiar forma de concha, una fuerte inclinación hacia el Palazzo Pubblico y un pavimento dividido en nueve grandes franjas que recuerdan al Gobierno de los Nueve que dirigió Siena durante una de sus épocas de mayor esplendor, entre los siglos XIII y XIV. Todo el espacio parece diseñado para llevar la mirada hacia el Palazzo Pubblico y su enorme Torre del Mangia.

Además, la Piazza del Campo es el escenario del famoso Palio di Siena, la carrera de caballos que enfrenta a las diferentes contrade o barrios históricos de la ciudad y que se celebra dos veces al año. Cuesta imaginar que en esta plaza, normalmente llena de turistas, terrazas y gente sentada tranquilamente sobre el suelo, puedan llegar a correr caballos a toda velocidad rodeados por miles de personas.

Después teníamos hora reservada para visitar la Catedral de Siena, incluyendo la llamada Porta del Cielo, que permite acceder a las zonas superiores del Duomo. Y aquí Siena todavía sube otro escalón. Otro imprescindible en la visita y Toscana Project 2026 !!!

El Duomo de Siena es uno de los edificios religiosos más impresionantes de Italia y, para nosotros, uno de los grandes descubrimientos del viaje. Su construcción comenzó a principios del siglo XIII y durante siglos participaron en ella algunos de los grandes nombres del arte italiano: Nicola Pisano, Giovanni Pisano, Donatello, Pinturicchio, Miguel Ángel o Bernini, entre otros.


Nada más entrar impresiona la combinación de mármol blanco y negro que se repite por toda la iglesia y que prácticamente convierte el interior en una inmensa obra de arte. Pero hay tantos detalles que cuesta saber dónde mirar. El espectacular pavimento de mármol, compuesto por decenas de escenas realizadas durante varios siglos, es posiblemente uno de los elementos más originales de toda la catedral.

Otro de los espacios que más llama la atención es la Biblioteca Piccolomini, decorada con unos frescos de Pinturicchio de colores sorprendentemente vivos. Más que una biblioteca parece una pequeña joya renacentista escondida dentro de la propia catedral.

También resulta curioso descubrir que el Duomo que vemos hoy podría haber sido mucho más grande. En el siglo XIV, en plena época de prosperidad, Siena decidió realizar una ampliación gigantesca que habría convertido la iglesia existente prácticamente en uno de los brazos de una nueva catedral monumental. Se empezaron a construir muros, pilares y parte de la nueva nave, pero la llegada de la Peste Negra de 1348, junto con problemas económicos y estructurales, acabó paralizando definitivamente el proyecto. Todavía hoy pueden verse esos enormes restos del llamado Duomo Nuovo, una especie de recordatorio de hasta dónde llegó la ambición de la Siena medieval.

Y finalmente llegó uno de los mejores momentos de la visita: subir por la Porta del Cielo hasta la parte superior de la catedral. La explicación de la visita guiada fue más bien floja, pero el lugar compensaba de sobra. Caminar prácticamente por encima de las bóvedas, contemplar el interior del Duomo desde otra perspectiva y salir a las zonas exteriores superiores permite entender mucho mejor las dimensiones del edificio.

Desde allí, además, aparecen unas vistas magníficas sobre los tejados de Siena y las colinas de la Toscana. Después de haber visto la Piazza del Campo desde abajo, poder contemplar la ciudad desde las alturas terminaba de completar la imagen de una Siena medieval, compacta y perfectamente integrada en el paisaje.

Siena nos sorprendió mucho. Quizás Florencia concentra una cantidad de obras maestras difícilmente comparable, pero Siena tiene algo diferente: una escala más humana y una sensación mucho más clara de estar caminando por una ciudad medieval que, en muchos rincones, parece haberse quedado detenida en el tiempo.

Y solamente por entrar en la Piazza del Campo y descubrir el interior del Duomo, ya había valido la pena salir de Florencia y empezar nuestra pequeña ruta en coche por la Toscana.

Hasta aquí la séptima entrega de las crónicas por la Toscana. Mañana más en Toscana Project 2026 - 08 (en Emeshing.com)


Toscana Project 2026 - 06: Galería de los Uffizi - Botticelli - Leonardo Da Vinci - Michelangelo - Rafael - Caravaggio - Venus #Venus #Uffici #Florencia #Firence #Botticelli

 Este post es el sexto episodio de las crónicas por Florencia y la Toscana, y es la continuación de Toscana Project 2026 - 05 (en Emeshing.com)

Este día lo tenemos reservado a uno de los platos fuertes del viaje: la Galería de los Uffizi. Después de ducharnos y desayunar, nos dirigimos hacia la Piazza della Signoria para entrar en esta inmensa pinacoteca, prácticamente imposible de abarcar entera en una sola visita.

Los Uffizi fueron construidos a partir de 1560 por orden de Cosimo I de’ Medici para concentrar las principales oficinas administrativas de Florencia, de ahí su nombre. Con el tiempo, los Medici fueron llenando el edificio con sus colecciones de arte hasta convertirlo en uno de los grandes museos del mundo.

El edificio en sí ya impresiona, con sus larguísimos corredores, techos decorados, esculturas y vistas sobre Florencia. Por momentos sus pasillos me recuerdan a Versalles, aunque aquí el verdadero espectáculo está en las salas: Giotto, Botticelli, Leonardo, Michelangelo, Rafael, Tiziano o Caravaggio, uno detrás de otro.

Estos son nuestros seis grandes highlights del Museo Galería de los Uffizi en Florencia :

El Nacimiento de Venus – Botticelli

Una de las imágenes más reconocibles del Renacimiento, con Venus llegando a la costa sobre una gran concha. En directo sorprende especialmente por su tamaño, sus colores y la elegancia de toda la composición. Se dice que la musa / modelo de los cuadrosde Botticelli como este fue Simonetta Vespucci, una noble genovesa célebre pos su belleza y que estaba casada con Marco Vespucci.


La Primavera – Botticelli

Un enorme jardín mitológico presidido por Venus y rodeado de personajes como las Tres Gracias, Mercurio o Flora. Es uno de esos cuadros en los que cuanto más miras, más detalles descubres.


La Anunciación – Leonardo da Vinci

Una obra de un Leonardo todavía muy joven, con el arcángel Gabriel anunciando a María su futura maternidad. Ya aparecen su obsesión por la naturaleza, la perspectiva y los paisajes que se pierden en la distancia.

Tondo Doni – Michelangelo

Una de las pocas pinturas de Michelangelo sobre tabla y una de las obras que más llaman la atención por la fuerza de sus figuras. Los cuerpos parecen casi esculturas pintadas y anticipan el estilo que después veremos en la Capilla Sixtina.

Madonna del Cardellino – Rafael

Rafael representa a la Virgen con Jesús y san Juan Bautista en una composición tranquila y perfectamente equilibrada. Es un ejemplo magnífico de esa armonía y serenidad que caracterizan su pintura.

Medusa – Caravaggio

Caravaggio representa sobre un escudo la cabeza recién cortada de Medusa en el instante de máximo terror. Después de tanta elegancia renacentista, su violencia, oscuridad y dramatismo suponen un cambio radical.


Venus de’ Medici

Una de las esculturas más famosas de los Uffizi, una Venus helenística de más de 2.000 años que durante siglos fue considerada un ideal absoluto de belleza femenina. Se encuentra en la espectacular Tribuna y su postura, cubriéndose al sentirse observada, inspiró innumerables representaciones posteriores de Venus. Y tiene una historia muy buena: Napoleón se encaprichó de ella y acabó llevándosela a Francia en 1802, aunque tras su caída regresó a Florencia.


Después de varias horas llega un momento en que cuesta procesar todo lo que estamos viendo. Los Uffizi no son un museo para intentar verlo todo, sino para detenerse ante unas pocas obras y disfrutar de tener, prácticamente puerta con puerta, a algunos de los mayores genios de la historia del arte.

Salimos de nuevo a la Piazza della Signoria con una idea todavía más clara de lo que significó Florencia durante el Renacimiento. Los Medici, su dinero y su mecenazgo consiguieron reunir alrededor de esta ciudad una concentración de talento difícilmente repetible.

Podréis encontrar la continuación de esta crónica en Toscana Project 2026 - 07 (en Emeshing.com)



domingo, septiembre 06, 2026

Toscana Project 2026 - 05: Restaurantes y Fiorentina #Toscana #Project #Firenze #Florencia #cronica #travel #viaje #Fiorentina #comida #pasta #pizza

Esta es la quinta entrega de las crónicas por Florencia y la Toscana es la continuación de Toscana Project 2026 - 04 (en Emeshing.com)

En esta entrega me gustaría recomendaros algunos lugares para aperitivo, comida y cena que tuvimos ocasión de probar y los que sí recomiendo en este orden de mejor a no tan mejor pero también recomendable.

Trattoria Alfredo (Via dei Leoni 14): Restaurante familiar que nos gustó mucho con precio asequible a 20€ y pico pax más vino/bebida.

Enzo & Piero (Via Faenza 105): Trattoria familiar clásica, muy cerca de Santa Maria Novella, que mantiene bastante bien el equilibrio entre ubicación céntrica y cocina toscana tradicional.. Aquí la recomendación del vino Morellino fue excelente. Platos interesantes: tagliatelle al cinghiale, ribollita, crespelle alla fiorentina, trippa alla fiorentina y bistecca alla Fiorentina.

Ristorantre Palle d'Oro: Restaurante más romántico con comida elaborada con precio asequible a 20€ y pico pax más vino/bebida.

Trattoria Il Contadino (Via Palazzuolo 69): Menú muy sencillo y barato ideal para cenar rápido y a buen precio pues 15€ pax menú. Platos interesantes: tagliatelle al cinghiale, pici all’aglione, peposo dell’Impruneta y trippa alla fiorentina.

Caccio e Pepe (Via Martelli 30): quizás un restaurante más de guiris pero comimos muy bien a precio asequible de 20€ y pico pax más vino/bebida.

Bulli & Balene (Via dello Sprone, 14): buen sitio para tomar un aperitivo y tapas. está en el Oltrarno, junto a Piazza della Passera, muy cerca de Palazzo Pitti. Es un sitio pequeño e informal inspirado en los bacari venecianos: la gracia no es sentarte a una cena larga, sino pedir un spritz y escoger varios cicchetti de la vitrina. Recomendación: Campari, Hugo Spritz, Cynar, Select, Mirto, vermut rojo o cerveza IPA birra Flea.

Después de esta introducción gastronómica, vamos al equipo de futbol de la Fiorentina que justamente en este 2026 cumple sus 100 años de historia, y por esta razón hay una exposición en Cortile di Michelozzo del Palazzo Vecchio: "Cent’anni di Fiorentini. Dentro e fuori lo stadio"

El club FIORENTINA nace en Florencia en agosto de 1926, impulsado por el marqués Luigi Ridolfi, a partir de la unión de dos de los principales equipos de la ciudad, la Palestra Ginnastica Fiorentina Libertas y el Club Sportivo Firenze. La idea es sencilla pero ambiciosa: crear un equipo capaz de representar a Florencia frente a las grandes potencias del fútbol italiano. Sus primeros colores son el blanco y el rojo; el característico viola, que acabará convirtiéndose casi en otro símbolo de la ciudad, aparece en 1929.


La gran época de la Fiorentina llega en los años cincuenta y sesenta. En la temporada 1955-56 conquista su primer Scudetto y al año siguiente alcanza la final de la Copa de Europa, donde se enfrenta al Real Madrid de Di Stéfano en el Santiago Bernabéu. En 1961 logra otro hito histórico al ganar la Recopa de Europa, convirtiéndose en el primer club italiano que conquista una competición organizada por la UEFA. A aquella generación le sigue otro gran equipo que consigue el segundo Scudetto de la historia viola en 1968-69.

Desde entonces, la historia de la Fiorentina combina grandes jugadores, épocas brillantes y también momentos muy difíciles. Por su camiseta pasan figuras como Giancarlo Antognoni, Roberto Baggio, Gabriel Batistuta o Rui Costa, mientras el estadio Artemio Franchi se convierte en uno de los grandes escenarios sentimentales de Florencia. El palmarés incluye dos Scudetti, seis Copas de Italia, una Supercopa italiana y aquella Recopa de Europa de 1961, aunque quizás lo más característico sea la relación extraordinariamente intensa entre el equipo y la ciudad. Ser viola en Florencia es algo que va bastante más allá del fútbol. 

Hasta aquí la quinta entrega de crónicas por la Toscana. El próximo episodio lo podréis encontrar en Toscana Project 2026 - 06 (en Emeshing.com)



Toscana Project 2026 - 04: Duomo - Baptisterio San Giovani - Santa Maria del Fiore - Ghiberti - Brunelleschi - Da Vinci #Florencia #Firenze #cronica #Toscana #project #viaje #travel #historia #tour

Esta tercera entrega de las crónicas por Florencia y la Toscana es la continuación de Toscana Project 2026 - 03 (en Emeshing.com)

Durante el free tour llegamos inevitablemente a uno de los grandes protagonistas de Florencia: el conjunto del Duomo. Da igual cuántas veces pasemos por delante, porque cada vez que aparece entre las calles estrechas del centro volvemos a levantar la cabeza. Su tamaño, los mármoles blancos, verdes y rosados y, sobre todo, la enorme cúpula hacen difícil acostumbrarse a tenerlo delante.

La historia empieza con el Baptisterio de San Giovanni, el edificio más antiguo del conjunto. Durante siglos ocupa un lugar central en la vida religiosa de Florencia y por él pasan generaciones enteras de florentinos. Después llega la gran decisión de finales del siglo XIII: construir una nueva catedral capaz de representar la riqueza y la ambición de una ciudad que ya compite con las principales potencias italianas.

En 1296 comienza la construcción de Santa Maria del Fiore, inicialmente bajo la dirección de Arnolfo di Cambio. El proyecto es enorme y se prolonga durante generaciones, algo bastante habitual en las grandes catedrales medievales. En 1334, Giotto empieza además a trabajar en el espectacular campanario que hoy lleva su nombre, aunque muere pocos años después y son otros maestros quienes terminan la obra.

Mientras avanza la catedral aparece un problema gigantesco, literalmente. Sobre el crucero queda un enorme espacio preparado para una cúpula, pero las dimensiones previstas son tan grandes que nadie tiene claro cómo construirla. Las técnicas tradicionales necesitan una estructura provisional de madera capaz de sostener la obra mientras se levanta, y hacer algo así a aquella escala resulta casi imposible.

Entonces aparece Filippo Brunelleschi. Arquitecto, ingeniero, inventor y antiguo orfebre, propone una solución que rompe con buena parte de las técnicas habituales de construcción. Diseña una doble estructura para la cúpula, desarrolla sistemas especiales de refuerzo, utiliza una particular disposición de los ladrillos y crea incluso maquinaria específica para elevar materiales hasta unas alturas extraordinarias para la época. 

Su solución aparece 20 años después de haberse ido a Roma a estudias, después que le copiaran su técnica en el concurso para las puerta del Baptisterio de San Giovani de Florencia por parte de Lorenzo Ghiberti (Norte y Este)

Las obras de la cúpula empiezan en 1420 y avanzan durante dieciséis años. En 1436, Florencia puede finalmente contemplar terminada una estructura que todavía hoy sigue siendo una de las mayores cúpulas de mampostería construidas jamás. Lo impresionante no es únicamente su tamaño, sino pensar que se levanta hace casi seis siglos sin grúas modernas, sin motores y sin los sistemas de cálculo actuales.

Brunelleschi diseña también la linterna que debe coronar la cúpula, aunque muere antes de verla completamente terminada. Años después, el taller de Andrea del Verrocchio recibe el encargo de fabricar la gran esfera de cobre dorado que se coloca sobre la linterna. Y aquí vuelve a aparecer una de esas conexiones increíbles que parecen repetirse constantemente en Florencia: en el taller de Verrocchio trabaja entonces un joven llamado Leonardo da Vinci.

Leonardo no construye la linterna, pero vive muy cerca del proceso técnico que permite fabricar y elevar aquella enorme esfera hasta lo alto de la catedral. Estas conexiones explican muy bien lo que está pasando en la Florencia del Renacimiento, donde artistas, arquitectos, ingenieros y artesanos trabajan muchas veces en los mismos talleres y aprenden unos de otros. Aquí las fronteras entre arte, ciencia e ingeniería parecen mucho más difusas de lo que serán siglos después.

Quizás por eso el Duomo impresiona tanto cuando conoces su historia. No es solamente una iglesia enorme ni una de las imágenes más reconocibles de Florencia, sino el resultado de varias generaciones intentando construir algo cada vez más ambicioso. Y la cúpula de Brunelleschi resume perfectamente aquella Florencia: una ciudad suficientemente rica para soñar a lo grande y suficientemente atrevida para intentar hacer posible lo que todavía nadie sabe cómo construir.

El fnal del tour terminó en otro de los símbolos de la ciudad de Florencia: el puente Vecchio o puente viejo. El Ponte Vecchio es el puente más antiguo sobre el río Arno. Reconstruido en 1345, destaca por sus pequeñas tiendas, ocupadas originalmente por carniceros y desde finales del siglo XVI por joyeros y orfebres. Sobre ellas pasa el Corredor Vasariano, construido para que los Médici pudieran desplazarse entre el Palazzo Vecchio y el Palazzo Pitti sin mezclarse con la multitud. Además, fue el único puente de Florencia que no fue destruido durante la retirada alemana en la Segunda Guerra Mundial.

Podéis seguir descubriendo mis aventuras en Florencia y la Toscana en el siguiente post de Toscana Project 2026 - 05 (en Emeshing.com)