Este post representa la octava entrega de las crónicas por Florencia y la Toscana, y es la continuación de Toscana Project 2026 - 06 (en Emeshing.com)
Salimos de Siena ya comidos y fuimos a buscar el coche, que habíamos dejado aparcado fuera de las murallas. Allí nos esperaba nuestro Opel Mokka automático, que por cierto iba realmente fino. Después de movernos los primeros días básicamente a pie y en transporte público por Florencia, tener coche nos permitía cambiar completamente de escenario y empezar a recorrer esa Toscana de carreteras secundarias, colinas y pequeños pueblos que tantas veces hemos visto en fotografías.
Nuestro primer destino de la tarde era San Galgano, a unos cuantos kilómetros al suroeste de Siena. El camino ya empieza a justificar el desplazamiento: carreteras atravesando campos, bosques y pequeñas poblaciones, con ese paisaje toscano en el que parece que alguien ha colocado cuidadosamente cada ciprés, cada casa y cada viñedo.
Y al llegar a San Galgano aparece una imagen bastante diferente a todo lo que habíamos visto hasta ese momento. En mitad del campo se encuentran las enormes ruinas de la Abbazia di San Galgano, una abadía cisterciense cuya construcción comenzó a principios del siglo XIII y que hoy se conserva completamente sin tejado. El abandono progresivo del monasterio hizo que acabara derrumbándose durante el siglo XVIII, dejando una enorme iglesia gótica abierta directamente al cielo.
Precisamente eso es lo que la hace tan especial. Entras entre enormes muros de piedra, columnas y ventanales góticos, pero en lugar de encontrar un techo sobre tu cabeza ves directamente el cielo de la Toscana. El suelo es prácticamente de hierba y la sensación es la de estar entrando en el esqueleto perfectamente conservado de una gigantesca catedral medieval. Además disfrutamos de una boda en directo hablada medio en inglés medio en italiano, que por cierto tenía muchos invitados alemanes.
Muy cerca está además la Ermita de Montesiepi, relacionada con la historia de San Galgano. Allí se encuentra una de las curiosidades más sorprendentes de toda esta zona: una auténtica espada clavada en una roca, asociada a Galgano Guidotti, un caballero del siglo XII que según la tradición abandonó las armas para dedicarse a la vida religiosa. La espada, datada aproximadamente alrededor de 1170, permanece todavía incrustada en la piedra. Inevitable pensar en el mito de Excalibur, aunque aquí la historia toscana tiene su propia versión.
Dejamos San Galgano y volvimos al Mokka negro con matricula italiana para continuar la ruta hacia Monteriggioni. Y aquí cambiamos completamente de escala. Si San Galgano impresiona por la grandiosidad de sus ruinas, Monteriggioni es justamente lo contrario: un pueblo diminuto encerrado dentro de una fortificación medieval casi perfecta.
Antes incluso de llegar ya se distingue en lo alto de una colina su característica muralla circular. Monteriggioni fue construido por los sieneses entre 1213 y 1219 como posición defensiva frente a su gran rival, Florencia. Todavía conserva unos 570 metros de muralla y sus 14 torres, formando esa especie de corona de piedra que incluso mencionó Dante en la Divina Comedia.
Entrar por una de sus puertas es casi como atravesar directamente hacia la Edad Media. Dentro tampoco hay demasiado que recorrer: una plaza central, la pequeña iglesia de Santa Maria Assunta, algunas calles, tiendas y restaurantes. Pero precisamente ahí está su encanto. Monteriggioni no necesita grandes monumentos porque el monumento es prácticamente el pueblo entero.
Dimos una vuelta tranquilamente por el interior y volvimos de nuevo al coche. El día todavía tenía una última parada y probablemente una de las más conocidas de toda la Toscana: San Gimignano.
Llegar a San Gimignano también tiene su gracia porque desde cierta distancia empiezan a aparecer sobre la colina sus famosas torres medievales. Es una imagen bastante extraña para un pueblo relativamente pequeño y explica perfectamente su apodo de “Manhattan de la Edad Media”. En su época de máximo esplendor llegó a tener alrededor de 65 torres; actualmente sobreviven trece, suficientes para crear uno de los perfiles urbanos más reconocibles de Italia.
Las torres no eran simplemente decorativas. Las grandes familias de la ciudad competían entre ellas construyéndolas como demostración de riqueza y poder, de manera que cuanto más importante era una familia, mayor podía ser su torre. El resultado, siglos después, es este curioso skyline medieval que hace que San Gimignano sea completamente diferente al resto de pueblos que habíamos visitado.
Entramos caminando por sus calles de piedra hasta llegar al centro, con la Piazza della Cisterna y la Piazza del Duomo como puntos principales. A esas horas el pueblo empezaba además a cambiar de ambiente. Parte de los visitantes que llegan durante el día iban desapareciendo y las calles comenzaban a estar algo más tranquilas, algo que siempre se agradece en lugares tan turísticos.
San Gimignano conserva muy bien esa sensación de ciudad medieval compacta, con calles estrechas, palacios de piedra y las torres apareciendo continuamente por encima de los edificios. Su centro histórico es Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1990, precisamente porque mantiene de forma excepcional su estructura urbana medieval.
Aquí decidimos terminar nuestra jornada y cenar en San Gimignano. Después de Siena, San Galgano y Monteriggioni ya llevábamos unas cuantas horas de monumentos, carreteras y pueblos medievales, así que tocaba simplemente sentarse, comer algo y disfrutar del ambiente antes de emprender el regreso.
Ya de noche volvimos a subir al Opel Mokka y pusimos rumbo hacia Florencia, que durante todo el viaje funcionaba como nuestra particular base de operaciones. Llegábamos cansados, pero con la sensación de haber aprovechado muchísimo el día: habíamos empezado la mañana en Siena y terminado cenando bajo las torres de San Gimignano, pasando por una abadía sin techo y por una pequeña fortaleza medieval perdida entre las colinas.
Un día bastante completo y, sobre todo, muy Toscana. De esos en los que el trayecto entre un sitio y otro forma casi tanta parte del viaje como los lugares que vas visitando.
Hasta aquí el post de hoy sobre mis crónicas por la Toscana. Después continuará en Toscana Project 2026 - 09 (en Emeshing.com)























