Y llegamos a la décima entrega de mis crónicas por la Toscana, que llega después del Toscana Project 2026 - 09 (en Emeshing.com)
Salimos en coche del calorazo de la Piazza dei Miracoli de Pisa para continuar nuestra ruta por la Toscana. Nuestra siguiente parada era Lucca, una ciudad que queda a poco más de media hora de Pisa y que, aunque hoy vive bastante a la sombra turística de Florencia, tuvo una enorme importancia durante la Edad Media.
Durante la época lombarda fue capital del Ducado de Tuscia y, posteriormente, los marqueses de Toscana establecieron aquí su residencia. Su situación junto a la Via Francigena, el comercio y especialmente su potente industria de la seda la convirtieron durante siglos en una de las ciudades más ricas de la región. Más adelante Florencia acabaría imponiéndose como gran potencia toscana, pero Lucca consiguió algo bastante excepcional: conservar durante siglos una importante independencia política.
Lo primero que sorprende al llegar son sus espectaculares murallas renacentistas, que rodean completamente el casco histórico a lo largo de unos 4,2 kilómetros. Fueron construidas principalmente entre los siglos XVI y XVII para defender la ciudad de sus poderosos vecinos, aunque curiosamente nunca tuvieron que resistir un gran asedio. Hoy su parte superior se ha convertido en un enorme paseo arbolado por donde la gente camina, corre o va en bicicleta.
Dentro de las murallas Lucca resulta muy agradable para recorrerla andando. Pasamos por la Piazza dell'Anfiteatro, una de sus imágenes más características, que conserva perfectamente la forma elíptica del antiguo anfiteatro romano sobre el que fueron construyéndose las casas. Se entra a través de pequeños arcos y, una vez dentro, parece que hayas llegado a una plaza completamente cerrada y aislada del resto de la ciudad.
También fuimos encontrándonos con algunas de las muchas iglesias que han hecho que Lucca sea conocida como la ciudad de las cien iglesias. Entre las más importantes están San Michele in Foro, levantada sobre el antiguo foro romano y con una espectacular fachada llena de columnas, y la Catedral de San Martino, otro gran ejemplo del románico pisano-lucchese. Y sobresaliendo entre los tejados aparece la curiosa Torre Guinigi, una torre medieval que tiene la particularidad de contar con varias encinas creciendo literalmente en su parte superior. Lucca mezcla iglesias, callejuelas medievales, plazas y torres sin dar en ningún momento sensación de gran ciudad, y quizá ahí está buena parte de su encanto.
Después de pasear por el centro paramos a comer y volvimos al coche. La siguiente parada fue en un pueblo más pequeño llamado Montecarlo, y no precisamente el de Mónaco. Este Montecarlo se encuentra en lo alto de una pequeña colina rodeada de viñedos y debe su nombre a Carlos IV de Luxemburgo, que ayudó a liberar Lucca del dominio pisano en el siglo XIV. El lugar acabó llamándose Mons Caroli, el “Monte de Carlos”.
Montecarlo es uno de esos pequeños pueblos que encajan perfectamente en una ruta en coche por la Toscana. Su casco histórico todavía está rodeado parcialmente por murallas y en su punto más alto se encuentra la Fortezza del Cerruglio, una fortaleza que fue ampliándose entre los siglos XIV y XVI por la importancia estratégica de esta zona, disputada durante mucho tiempo por Pisa, Lucca y Florencia. Paseamos por sus pocas calles, vimos la Colegiata de Sant'Andrea y disfrutamos de las vistas sobre las colinas y los viñedos que rodean el pueblo.
Y precisamente el vino es otra de las señas de identidad de Montecarlo. Alrededor del pueblo se extiende la zona de la DOC Montecarlo, una denominación bastante pequeña y menos conocida que Chianti, pero con una larga tradición vinícola. A esas alturas del viaje ya empezábamos a tener claro que en Toscana puedes desviarte casi por cualquier carretera secundaria y acabar encontrándote otro pueblo medieval encaramado a una colina y rodeado de viñedos.
Nuestra última parada del día fue Vinci, inevitable después de haber estado durante todo el viaje encontrando referencias a Leonardo por Florencia y por toda la Toscana. El pueblo se encuentra entre colinas cubiertas de olivos y viñedos y gira, como es lógico, alrededor de su habitante más famoso, Leonardo da Vinci, nacido en 1452 en esta zona, concretamente en Anchiano, a pocos kilómetros del centro de Vinci.
En el centro encontramos varias referencias al genio renacentista. Una de las más llamativas es L'Uomo di Vinci, la gran escultura de Mario Ceroli inspirada en el Hombre de Vitruvio, instalada frente al Castello dei Conti Guidi. Es una estatua de Leonardo Da Vinci que incluye interpretación tridimensional de uno de sus dibujos más reconocibles, encerrando la figura humana dentro de una gran estructura geométrica.
Muy cerca está la iglesia de Santa Croce, vinculada directamente con Leonardo porque conserva la antigua pila bautismal en la que se cree que fue bautizado el 16 de abril de 1452. La zona del baptisterio está decorada actualmente con el conjunto escultórico Il Battesimo di Leonardo, obra de Cecco Bonanotte, dedicado precisamente a aquel momento. En una de las paredes también se reproduce la anotación que hizo su abuelo, Antonio da Vinci, dejando constancia del nacimiento de Leonardo el día anterior.
Vinci es pequeño y se visita bastante rápido, pero tiene gracia terminar aquí una ruta por Toscana después de haber visto durante los días anteriores tantas obras, inventos e historias relacionadas con Leonardo. Más que grandes monumentos, lo bonito es imaginar que este paisaje de colinas, viñedos, olivos y pequeños pueblos era precisamente el paisaje que veía Leonardo cuando era niño.
Ya con el día acabándose volvimos al coche para regresar a Florencia, pero esta vez evitando durante un buen tramo las carreteras principales. Nos metimos por pequeñas carreteras que subían y bajaban entre colinas, atravesando pueblos, campos de olivos y preciosos viñedos. Con la luz del final de la tarde, seguramente fue uno de esos trayectos en coche que acabas recordando casi tanto como alguno de los sitios que has visitado.
Y así, poco antes de anochecer, volvimos a nuestra base de operaciones en Florencia después de completar otro día bastante intenso.
Hasta aquí el post de esta entrega de mis crónicas, luego sigo con Toscana Project 2026 - 11 (en Emeshing.com)


































