Y hoy llegamos a la última entrega de las crónicas por la Toscana, después de Toscana Project 2026 - 13 (en Emeshing.com)
Y llegó ese momento un poco triste de todos los viajes en el que sabes que ya toca volver a casa. Después de una semana recorriendo Florencia y buena parte de la Toscana, que por cierto nos ha encantado, todavía nos quedaban unas últimas horas para disfrutar de la ciudad. Aprovechamos para comer tranquilamente, saboreando una última pasta italiana sin prisas, y después hacer un poco de shopping por Florencia antes de regresar al hotel a recoger el equipaje.
Desde allí fuimos hasta la parada de tranvía más cercana para dirigirnos al aeropuerto de Firenze. El primer tranvía que apareció era el T1, así que lo dejamos pasar, y poco después llegó nuestro T2, que venía bastante lleno. Justo antes de subir conseguí comprar desde la aplicación los cuatro billetes y, una vez dentro, los validé para iniciar los 90 minutos de validez. El trayecto hasta el aeropuerto dura unos veinte minutos y, como el tranvía iba lleno, en cada parada tocaba hacer pequeñas maniobras con las maletas para dejar entrar y salir a la gente.
Cuando prácticamente estábamos llegando al aeropuerto aparecieron revisores por todas las puertas y nos pidieron los billetes. Justo en ese momento, con esa capacidad que tiene la tecnología para fallar cuando más la necesitas, me quedé sin cobertura y la aplicación era incapaz de cargar los billetes validados. El revisor me dijo que pasara la tarjeta de crédito con la que había hecho la compra para comprobar el pago, y le expliqué que los había comprado desde la aplicación mediante Apple Pay, pero él insistía una y otra vez en que pasara la tarjeta. Evidentemente, en la tarjeta que probamos no aparecía el pago y el hombre empezaba a tener cara de estar convencido de que había cazado a cuatro turistas viajando sin billete.
Por suerte volvió la cobertura, la aplicación cargó y aparecieron delante de sus ojos los cuatro billetes perfectamente comprados y validados. Se los enseñé uno detrás de otro y ahí terminó rápidamente la discusión. La tecnología me había metido en el lío y la tecnología acabó sacándome de él, así que pequeña victoria moral para terminar nuestras aventuras florentinas.
Llegamos al aeropuerto justo después del “percance” y fuimos directamente a hacer el drop-off de la maleta que facturábamos. Después pasamos los controles de seguridad del equipaje de mano y volvió a repetirse una situación que ya habíamos vivido a la ida: a los niños les hicieron un control aleatorio pasando unas tiras por las manos para detectar posibles restos de explosivos u otras sustancias. Todo correcto y seguimos hacia la zona de embarque, donde lo complicado era encontrar un lugar para sentarse porque el aeropuerto de Florencia es bastante pequeño y cuando coinciden varios vuelos se llena rápidamente.
Primero estuvimos cerca de la Gate 1 y después nos desplazamos hacia la zona de las puertas 2 a 11, donde conseguimos esperar un rato algo más cómodamente. La gracia llegó cuando finalmente apareció nuestra puerta de embarque en las pantallas: Gate 1. Tocó deshacer todo el camino y recorrer de nuevo un pasillo bastante estrecho y parcialmente en obras hasta llegar a una zona también bastante justa de espacio donde se acumuló toda la cola del vuelo.
El embarque al Airbus de Vueling se hizo andando directamente por la pista. Antes de subir pregunté a la sobrecargo si podíamos acceder por la puerta trasera y me dijo que sí, así que mientras prácticamente todo el mundo se apelotonaba esperando para entrar por delante, nosotros dimos tranquilamente la vuelta al avión y subimos por detrás prácticamente solos. Estas situaciones siempre me hacen gracia porque luego las aerolíneas venden el embarque prioritario, pero cuando acabas caminando por la pista o llegando al avión en jardinera muchas veces la ventaja real depende más de por dónde decidas entrar que del grupo de embarque que tengas.
El vuelo transcurrió sin demasiada historia y finalmente aterrizamos prácticamente a la hora prevista en el Aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat. Parecía que el viaje había terminado, pero todavía quedaba una última prueba de paciencia: nuestro equipaje tenía que aparecer por la cinta 4, pero las maletas procedentes de Florencia decidieron tomarse las cosas con filosofía italiana y acabamos esperando aproximadamente media hora más de lo previsto hasta que finalmente apareció la nuestra.
Y ahora sí, después de varios días entre Florencia, Siena, San Galgano, Monteriggioni, San Gimignano, Pisa, Lucca, Montecarlo, Vinci y muchos kilómetros de carreteras toscanas, llegaba el momento de volver a casa. Nos llevamos muchísimo arte, historia, pasta, bistecca, paninis, gelatos, vino, iglesias, palacios, museos, torres inclinadas, carreteras entre viñedos y una cantidad bastante seria de kilómetros caminando. Pero sobre todo nos llevamos la sensación de haber descubierto una región espectacular.
Florencia y la Toscana han cumplido sobradamente las expectativas. Hasta aquí nuestro Toscana Project 2026! Espero de verdad que os hayan gustado mis crónicas...
Arrivederci Firenze! Arrivederci Toscana!
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