Las motivaciones para crear una start-up pueden ser muy distintas. Algunos emprendedores buscan resolver un problema importante, otros quieren cambiar una industria… y algunos simplemente quieren demostrar que pueden hacerlo mejor.
En el recomensable libro titulado Enamórate del problema, no de la solución, Uri Levine comparte la historia de Nir Zuk, fundador de la compañía de ciberseguridad Palo Alto Networks.
Antes de crear su empresa, Zuk fue uno de los primeros empleados de Check Point Software, una de las compañías israelíes más influyentes en ciberseguridad. Sin embargo, tras un desacuerdo con la dirección, decidió seguir su propio camino y crear una empresa para competir directamente con su antiguo empleador.
Levine lo describe con cierto humor: mientras que su propia motivación suele ser evitar la frustración y resolver problemas relevantes, la de Zuk parecía mucho más directa: la venganza.
Incluso se cuenta que llegó a encargar una matrícula para su coche en California con el texto “CHKP KLR”, abreviatura de Check Point Killer.
"Es posible que Zuk sea quien ría último en este caso: en 2021, Palo Alto Networks tenía una capitalización en el mercado (el valor de la empresa) de 52.000 millones de dólares, y en 2020, ingresos anuales de más de 4.000 millones, en comparación con Check Point, cuya capitalización en el mercado fue «únicamente» de 15.000 millones de dólares, e ingresos anuales por encima de los 2.000 millones. En diciembre de 2021, Check Point fue retirada del índice Nasdaq-100 y Palo Alto Networks la reemplazó."
Más allá de la anécdota, la historia refleja algo interesante del mundo emprendedor: la motivación importa. Puede venir de la pasión por resolver un problema, del deseo de construir algo grande o incluso de una rivalidad.
Pero en muchos casos, esa energía es precisamente la que impulsa a crear empresas capaces de transformar industrias enteras.
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