jueves, septiembre 10, 2026

Toscana Project 2026 - 13: Santa Crocce de Firenze - Galileo Galilei - Michelangelo - Maquiavelo - Dante Alighieri #Florencia #Firenze #SantaCrocce #GalileoGalilei #Michelangelo #Maquiavelo #DanteAlighieri

Y llegamos a la entrega número 12 de mis crónicas por la Toscana, que llega después del Toscana Project 2026 - 12 (en Emeshing.com)

Nos levantamos con aún ganas de descubrir los rincones de esta rica en arte Florencia. Después de ducharnos y desayunar para coger fuerzas, nos dirigimos a la Piazza di Santa Croce de Firenze, presidida por la enorme fachada de mármol blanco, verde y rosa de la Basílica de Santa Croce. A estas alturas del viaje ya habíamos visitado bastantes iglesias, museos y palacios, pero Santa Croce tiene un carácter diferente porque reúne en un mismo lugar religión, arte y buena parte de la memoria histórica de Italia.




La presencia franciscana en esta zona de Florencia se remonta al siglo XIII. La actual iglesia empezó a construirse hacia 1294-1295, probablemente siguiendo el proyecto de Arnolfo di Cambio, el mismo arquitecto relacionado con otros edificios fundamentales de Florencia como el Duomo y el Palazzo Vecchio. La iglesia quedó prácticamente terminada a finales del siglo XIV, aunque su actual y llamativa fachada llegó muchísimo después, ya en el siglo XIX, y fue completada en 1865. Santa Croce está considerada además la mayor iglesia franciscana del mundo.

Al entrar sorprende su enorme nave y la sensación de amplitud, pero enseguida empiezas a mirar hacia el suelo y las paredes porque Santa Croce funciona casi como un panteón de las grandes figuras italianas. Aquí están enterrados o recordados algunos de los personajes que habíamos ido encontrando constantemente durante nuestro viaje por Toscana.

Uno de los primeros grandes nombres es Miguel Ángel o Michelangelo, fallecido en Roma en 1564. Cosme I de Medici impulsó que su cuerpo regresara a Florencia y que recibiera aquí una tumba monumental, iniciando precisamente esa tradición de convertir Santa Croce en el lugar donde rendir homenaje a los grandes personajes de la ciudad. Su monumento funerario fue diseñado por Giorgio Vasari y resulta bastante difícil pasar por delante sin detenerse después de haber pasado tantos días viendo obras de Miguel Ángel por toda Florencia.



Muy cerca aparece otro gigante, Galileo Galilei, que murió en 1642 y cuyo monumento funerario terminó instalándose aquí en 1737. Galileo Galilei fue un científico italiano fundamental para el nacimiento de la ciencia moderna. Sus observaciones con el telescopio demostraron que la Tierra no era el centro del universo y reforzaron la teoría heliocéntrica de Copérnico, enfrentándolo a la Iglesia. Además, sus estudios sobre el movimiento y la caída de los cuerpos sentaron las bases de la física moderna.

También encontramos la tumba de Nicolás Maquiavelo, autor de El Príncipe, además de las de Gioachino Rossini, Vittorio Alfieri o Ugo Foscolo. Paseando por la iglesia prácticamente vas saltando varios siglos de historia italiana de una tumba a otra.

Y después está Dante Alighieri, cuya enorme estatua ya habíamos visto en el exterior de la basílica. Dentro encontramos su monumento funerario, aunque sus restos siguen descansando en Rávena, ciudad donde murió en 1321 después de haber sido expulsado de Florencia. De alguna manera resulta curioso que uno de los florentinos más universales tenga un lugar tan destacado dentro de Santa Croce mientras su tumba real continúa fuera de su ciudad natal.

Santa Croce también permite volver a encontrarnos con Giotto, otra de las figuras que aparecen constantemente cuando recorres Florencia. Las familias de ricos banqueros florentinos financiaban capillas privadas dentro de las iglesias y encargaban su decoración a los mejores artistas disponibles. Las capillas Bardi y Peruzzi conservan importantes ciclos de Giotto: en la Bardi pintó escenas de la vida de San Francisco y en la Peruzzi historias de San Juan Bautista y San Juan Evangelista.

Precisamente durante nuestra visita la Capilla Bardi estaba en proceso de restauración, con los trabajos dirigidos a conservar unos frescos realizados por Giotto a comienzos del siglo XIV. Una pequeña lástima, porque se consideran una de las grandes obras del artista, aunque después de varios días en Florencia ya teníamos asumido que conservar todo este patrimonio requiere restauraciones prácticamente continuas.

Otro punto muy interesante aparece al salir hacia el claustro: la Capilla Pazzi, diseñada por Filippo Brunelleschi, el arquitecto de la espectacular cúpula del Duomo. Fue encargada por la poderosa familia Pazzi durante el siglo XV y representa perfectamente la nueva arquitectura renacentista, basada en la geometría, las proporciones y la búsqueda de equilibrio. Su historia además enlaza con otro episodio que habíamos ido encontrando durante nuestro recorrido por Florencia: la famosa conspiración de los Pazzi contra los Medici en 1478, que acabó con la familia expulsada de la ciudad y las obras de la capilla interrumpidas.

En la sacristía encontramos también una obra con una historia especialmente interesante, el enorme Crucifijo de Cimabue, pintado antes de 1288. Cimabue fue maestro de Giotto y representa ese momento en el que la pintura medieval empieza poco a poco a evolucionar hacia una representación más humana y natural.

El crucifijo se convirtió además en uno de los símbolos de la terrible inundación de Florencia del 4 de noviembre de 1966. El agua y el barro entraron en Santa Croce y dañaron gravemente numerosas obras. El Crucifijo de Cimabue perdió alrededor del 60 % de su superficie pictórica y necesitó un larguísimo proceso de restauración. Verlo hoy permite apreciar la obra y al mismo tiempo recordar hasta qué punto estuvo cerca de desaparecer.

Después de recorrer el claustro y el resto del complejo salimos nuevamente a la Piazza di Santa Croce. Resulta bastante fácil entender por qué esta iglesia terminó siendo conocida como el Panteón de las glorias italianas. Miguel Ángel, Galileo, Maquiavelo, Dante, Giotto, Brunelleschi, Cimabue… en una sola visita aparecen buena parte de los nombres que explican la historia cultural de Florencia y de Italia.

Y todavía hay una última curiosidad relacionada con Santa Croce. Cuando el escritor francés Stendhal visitó Florencia en 1817 salió precisamente de esta iglesia describiendo palpitaciones, vértigo y una enorme emoción provocada por la cantidad de belleza artística que acababa de contemplar. Décadas después aquella sensación acabaría popularizándose con el nombre de síndrome de Stendhal. Después de tantos días acumulando Duomos, Botticellis, Leonardos, Rafaeles, Miguel Ángeles, palacios y frescos por toda Florencia, empezábamos a entender perfectamente a qué se refería.

 Y llegamos al final de la penúltima entrega de mis crónicas por la Toscana, mañana la última con Toscana Project 2026 - 14 (en Emeshing.com)


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