En tecnología e innovación solemos pensar que los avances dependen principalmente de descubrimientos científicos o nuevas ideas. Pero la historia industrial muestra que fabricar más también puede ser una forma de innovar. A medida que las tecnologías se producen a mayor escala, las organizaciones aprenden, optimizan procesos y reducen costes.
Este fenómeno fue observado hace casi un siglo en la industria aeronáutica y se convirtió en una de las ideas más influyentes para entender cómo evolucionan las tecnologías.
En el más que recomendable libro "Abundancia: Cómo construimos un mundo mejor" sus autores Ezra Klein y Derek Thompson explican esta gran quote:
“En la historia industrial hay una idea conocida como ley de Wright, según la cual algunas cosas se abaratan a medida que aprendemos a fabricarlas en mayor número.”
El ingeniero aeronáutico Theodore Wright detectó en los años treinta un patrón sorprendente: cada vez que la producción acumulada de aviones se multiplicaba, el coste de fabricar cada unidad disminuía significativamente. La explicación estaba en el aprendizaje colectivo: con cada nuevo avión producido, los fabricantes perfeccionaban métodos, procesos y materiales.
Este principio, conocido hoy como curva de aprendizaje, sigue siendo fundamental en industrias modernas como la energía solar, las baterías o los semiconductores. La lección es clara: la innovación no solo ocurre en el laboratorio; también ocurre en la fábrica. Producir más puede significar aprender más, y aprender más puede acelerar el progreso tecnológico.
No hay comentarios:
Publicar un comentario