Ayer, 12 de agosto de 2026, tuvimos la oportunidad de presenciar uno de esos espectáculos de la naturaleza que se disfrutan tanto con la vista como con los sentidos: un eclipse de Sol casi total.
Digo casi total porque, al menos desde donde yo me encontraba, no llegó a hacerse de noche. Sin embargo, con unas gafas homologadas y observándolo únicamente durante breves intervalos, pudimos contemplar cómo la Luna llegaba a ocultar más del 90% del disco solar, dejando apenas una finísima porción del Sol visible.
Y quizá lo más sorprendente sea pensar que todo esto lo provoca un objeto, la Luna, cuyo diámetro es unas 400 veces menor que el del Sol. La casualidad cósmica está en que el Sol se encuentra también aproximadamente 400 veces más lejos de nosotros que la Luna, haciendo que, vistos desde la Tierra, ambos tengan prácticamente el mismo tamaño aparente.
Unos minutos para recordar hasta qué punto la naturaleza todavía es capaz de sorprendernos.
A continuación algunas fotos que he encontrado sobre el eclipse de ayer:
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