En el camino de crear algo nuevo, el fracaso suele interpretarse como un error. Pero muchos de los grandes innovadores lo han visto de otra manera: como parte imprescindible del proceso.
En Enamórate del problema, no de la solución, Uri Levine recuerda una famosa reflexión de Thomas Edison que ilustra perfectamente esta mentalidad y da nombre al título del libro:
“Enamórate del problema, no de la solución
No he fracasado setecientas veces. Ni siquiera he fracasado una. Lo que he conseguido es demostrar que esas setecientas maneras no funcionan. Cuando haya eliminado todas las maneras que no funcionan, habré descubierto la manera que sí funciona.”
by Thomas Edison
La idea es especialmente relevante en el mundo de las start-ups. Cuando se intenta resolver un problema nuevo, rara vez existe un camino claro desde el principio. Lo normal es probar, equivocarse, aprender y volver a intentar.
Cada intento fallido no es un paso atrás, sino información valiosa sobre lo que no funciona.
Y esa acumulación de aprendizaje —a veces tras decenas o cientos de iteraciones— es lo que finalmente permite encontrar la solución correcta.
Quizá por eso uno de los principios más repetidos en el emprendimiento es también uno de los más sencillos: enamórate del problema… y sigue intentando hasta resolverlo.
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