En el mundo del emprendimiento suele repetirse una idea casi como un mantra: los emprendedores nunca se rinden. Pero la realidad, como muchas veces ocurre, es un poco más matizada.
En Enamórate del problema, no de la solución, Uri Levine comparte una conversación con Dov Moran, el empresario israelí conocido por crear la memoria USB y por impulsar múltiples start-ups.
En una reunión, Uri Levine le preguntó directamente:
—¿Cómo saber cuándo es el momento de renunciar?
Moran pensó un momento y respondió:
—Nunca. Los emprendedores nunca renuncian.
La respuesta refleja bien el espíritu de resiliencia que define a muchos fundadores. Sin embargo, Uri Levine añade un matiz interesante. No se trata de no renunciar nunca a una empresa concreta, sino de no renunciar al problema que se quiere resolver.
Si el problema desaparece, quizá ya no tenga sentido continuar.
Si el equipo no es el adecuado y no puede cambiarse, puede ser mejor empezar de nuevo.
Pero si el problema sigue existiendo, y es realmente importante, y el equipo funciona, entonces merece la pena insistir.
Al final, una start-up no es tanto una apuesta por una solución concreta, sino una apuesta por resolver un problema real. Y mientras ese problema exista, siempre habrá un nuevo intento posible.
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