Desde que empecé a viajar de bien joven que aprendía a hacerlo con una guía Lonely Planet bajo el brazo o en la mochila. Tengo las guís de Japón, New Zealand, Países Escandinavos, Berlin, Vietnam, Granada, Roma, Estados Unidos, Tahití, Tanzania y Oslo entre otras. Y las que no me compré luego me las dejaron o las cogí prestadas de la biblioteca.
Pues bien, hoy quiero explicar una breve historia de cómo fueron los inicios de LONELY PLANET:
Cuando Tony Wheeler conoció a Maureen, ella estaba sentada en un banco leyendo las memorias de juventud de Tolstói. Se casaron en 1971 y, con más curiosidad que dinero, decidieron emprender un viaje que acabaría cambiando para siempre su vida pero también la manera de viajar de millones de personas en el mundo. Pues ellos fueron los que fundarían Lonely Planet.
Su particular luna de miel duró un año y medio!!! Salieron de Londres en un coche bastante destartalado, atravesaron Europa y continuaron por tierra hacia Asia. Recorrieron países como Turquía, Irán, Afganistán, India, Nepal, Tailandia o Indonesia, confiando muchas veces en la hospitalidad de los desconocidos y avanzando con un presupuesto mínimo. Finalmente llegaron a Australia prácticamente sin dinero, pero con una enorme colección de experiencias, direcciones y consejos útiles.
A su regreso, sus amigos comenzaron a preguntarles cómo podían hacer una ruta parecida. Para responderles, Tony y Maureen recopilaron sus notas y publicaron en 1973 una pequeña guía titulada Across Asia on the Cheap. Aquella primera edición tenía poco más de noventa páginas, estaba escrita y maquetada de forma artesanal y vendió alrededor de 8.500 ejemplares. Sin saberlo, acababan de plantar la semilla de Lonely Planet.
El éxito de la guía demostró que estaba naciendo una nueva clase de viajero. Ya no se trataba únicamente de turistas que contrataban viajes organizados, sino de jóvenes que querían desplazarse por su cuenta, dormir en alojamientos baratos, utilizar el transporte local y descubrir lugares alejados de los circuitos habituales. Lonely Planet empezó a publicar guías sobre Asia y posteriormente amplió su catálogo hasta cubrir prácticamente todo el planeta.
Durante las siguientes décadas, sus libros se convirtieron en la auténtica biblia de los mochileros. Las guías ofrecían mapas, precios, restaurantes, hoteles, rutas y advertencias prácticas, pero también transmitían una forma de entender el viaje basada en la independencia, la improvisación y el contacto con la población local. Mucho antes de Google Maps, Tripadvisor o las redes sociales, llevar una Lonely Planet en la mochila era como viajar acompañado por alguien que ya había pasado por allí.
La pequeña editorial creada por una pareja de viajeros terminó convertida en un gigantesco negocio internacional. En 2010, Lonely Planet celebró la publicación de su libro número cien millones y, con el paso del tiempo, superó los 150 millones de guías impresas. Sin embargo, el mundo que había favorecido su crecimiento comenzó a transformarse. Internet, los teléfonos inteligentes, las aplicaciones de mapas y las recomendaciones en tiempo real hicieron que muchos viajeros dejaran de consultar libros que podían quedar desactualizados pocos meses después de su publicación.
En 2007, Tony y Maureen Wheeler comenzaron a vender Lonely Planet a BBC Worldwide, que acabó tomando el control total de la empresa. La aventura no salió como esperaba la corporación británica y, en 2013, la vendió a la estadounidense NC2 Media por unos 51,5 millones de libras, asumiendo una pérdida considerable. En 2020, la marca cambió nuevamente de manos y fue adquirida por Red Ventures, una compañía especializada en medios y servicios digitales.
Lonely Planet ya no tiene la influencia casi absoluta que tuvo durante los años dorados de los viajes con mochila, pero continúa publicando guías, contenidos digitales, recomendaciones y libros sobre destinos de todo el mundo. Su gran legado va mucho más allá de sus ventas: demostró que no era necesario ser rico, contratar una agencia o tenerlo todo organizado para conocer lugares remotos. A veces bastaba con una mochila, algo de tiempo, mucha curiosidad y uno de aquellos libros azules lleno de páginas dobladas y anotaciones.
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