A continuación un interesante párrafo del imprescindible libro "Abundancia: Cómo construimos un mundo mejor" by Ezra Klein y Derek Thompson que recupera algunas de las brillantes intuiciones de Edward L. Glaeser en "El Triunfo de las Ciudades":
"¿Qué son las ciudades, en su aspecto más fundamental? «Son la ausencia de espacio físico entre la gente y las empresas», escribe Ed Glaeser en El triunfo de las ciudades. Son la antigua respuesta a las dificultades de la distancia. Sin embargo, la tecnología erosionó sus evidentes ventajas. Las ciudades tendrían que haber languidecido. Con mucha frecuencia se ha esperado que así ocurriera. Pero se han negado tozudamente a aceptar su destino. Y más bien han prosperado, alcanzando en la modernidad una centralidad que ni siquiera tenían en la antigüedad. Según escribe Glaeser, esto constituye «la paradoja capital de la metrópolis moderna: la proximidad se ha ido volviendo todavía más valiosa a medida que disminuía el coste de conectar puntos muy alejados»."
"Las ciudades son motores de creatividad porque la creación es algo comunitario. La competencia nos espolea. Necesitamos encontrar a colegas, amigos, competidores y antagonistas que liberen nuestro ingenio e incorporen el suyo. «El promedio de estadounidenses que vive en zonas metropolitanas de más de un millón de habitantes es más de un 50 por ciento más productivo que el que vive en zonas metropolitanas más pequeñas», según escribe Glaeser. «Esas proporciones son las mismas aunque tengamos en cuenta la educación, la experiencia y la diligencia de los trabajadores. Son las mismas incluso teniendo en cuenta su cociente intelectual»."
Edward L. Glaeser, economista de Harvard y una de las voces más influyentes en el pensamiento urbano contemporáneo, ha dedicado su obra a explicar por qué las ciudades siguen siendo el gran motor del progreso en plena era digital. Su tesis es tan sencilla como poderosa: una ciudad no es ante todo un espacio físico, sino un ecosistema de personas, talento y conocimiento donde la distancia, la fricción, se reduce al mínimo.
Y ahí reside la gran paradoja de nuestro tiempo. Nunca habíamos tenido tantas herramientas para trabajar, aprender o relacionarnos a distancia, y sin embargo las metrópolis no solo no han perdido relevancia, sino que se han vuelto más decisivas que nunca. Porque la innovación, la creatividad, las oportunidades económicas y el aprendizaje colectivo siguen dependiendo, en gran medida, de la cercanía, de la interacción informal, de la densidad humana.
Las ciudades, en el fondo, son máquinas de generar encuentros. Y mientras la tecnología abarata la conexión entre puntos lejanos, la proximidad entre personas incrementa su valor. Por eso siguen atrayendo talento, capital e ideas. Por eso continúan siendo el escenario donde se acelera la historia.
Entender esta lógica es clave para abordar algunos de los grandes debates actuales, es decir vivienda, sostenibilidad, productividad, desigualdad o planificación urbana, porque el futuro no se jugará en el aislamiento, sino en cómo diseñemos y hagamos crecer nuestros espacios compartidos.
Tweet
No hay comentarios:
Publicar un comentario