En el post de hoy quiero que leáis la siguiente quote que aparece en el recomendable libro titulado Enamórate del problema, no de la solución, de Uri Levine.
La reflexión de Levine resume de forma muy clara qué impulsa realmente a los emprendedores. Según él, alguien decide iniciar el camino del emprendimiento cuando su pasión supera la suma de dos fuerzas muy poderosas: el miedo al fracaso y el coste de oportunidad.
Es una ecuación sencilla, pero profundamente reveladora.
Las start-ups funcionan con una lógica muy diferente a la de las organizaciones establecidas. En muchas estructuras corporativas o gubernamentales, el mayor riesgo no es equivocarse, sino intentar cambiar algo y fracasar. De hecho, a menudo es más seguro no hacer nada.
En el mundo emprendedor ocurre lo contrario. El fracaso forma parte del proceso. Cada intento fallido es simplemente un paso más hacia el siguiente experimento.
Lo que mantiene vivo ese proceso es una combinación muy particular de ingredientes: pasión, entusiasmo y una convicción casi irracional de que “esta vez sí funcionará”. Incluso después de varios intentos fallidos, los emprendedores vuelven a empezar con la misma energía.
Para Levine, esa mezcla de perseverancia y optimismo —a veces basada en un “falso conocimiento” de que el éxito está a la vuelta de la esquina— es precisamente lo que define el espíritu de las start-ups.
En el fondo, emprender consiste en avanzar a través de una secuencia de fracasos… impulsados por la convicción de que el próximo intento puede ser el que cambie todo.
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