"Cuando Kay fue al PARC para su entrevista formal, le preguntaron cuál esperaba que fuera su gran logro. «Un ordenador personal», respondió. Cuando le preguntaron qué era eso, cogió una cartera del tamaño de un cuaderno, la abrió y dijo: «Esto será una pantalla plana. Habrá un teclado aquí abajo, y tendrá suficiente potencia para almacenar su correo, archivos, música, material gráfico y libros. Todo en un paquete más o menos de este tamaño y de alrededor de un kilogramo de peso. De eso es de lo que estoy hablando». Su entrevistador se rascó la cabeza y murmuró entre dientes: «Sí, claro».60 Pero Kay consiguió el trabajo. Con sus ojos risueños y su alegre bigote, a Kay se le llegó a ver como un elemento perturbador, algo que de hecho era. Sentía un travieso placer en empujar a los directivos de una empresa de fotocopiadoras a crear un ordenador pequeño y manejable para niños. El director de planificación corporativa de Xerox, Don Pendery, un adusto ejecutivo procedente de Nueva Inglaterra, encarnaba lo que el profesor de Harvard Clay Christensen ha denominado el «dilema del innovador»; veía el futuro lleno de sombrías criaturas que amenazaban con corroer el negocio de las fotocopiadoras de Xerox. No dejaba de pedirles a Kay y a otros una evaluación de «tendencias» que pronosticaran lo que el futuro podía depararle a la empresa. Durante una exasperante sesión, Kay, cuyos pensamientos a menudo parecían expresamente acuñados para ir directamente de su lengua a Wikiquote, soltó una frase que iba a convertirse en el credo del PARC: «La mejor manera de predecir el futuro es inventarlo»."
from "Los innovadores: Los genios que inventaron el futuro" by Walter Isaacson, Francisco José Ramos Mena, Marcos Pérez Sánchez, Inga Pellisa Díaz