La innovación no solo introduce nuevos productos o tecnologías. También transforma la manera en que nos organizamos como sociedad y nos permite especializarnos en aquello que sabemos hacer mejor.
Durante buena parte de la historia, las personas tuvieron que producir casi todo lo que necesitaban para sobrevivir. Hoy ocurre lo contrario. Cada vez fabricamos menos cosas directamente, pero tenemos acceso a una variedad mucho mayor de bienes y servicios creados por otras personas.
Esta especialización nos hace más productivos, pero también más dependientes unos de otros. La innovación convierte la autosuficiencia limitada en una red de colaboración en la que cada persona aporta una pequeña parte y se beneficia del conocimiento y del trabajo de miles de desconocidos.
«La innovación nos cambia la vida, sobre todo porque nos permite trabajar para el prójimo. Tal como he comentado con anterioridad, la característica principal de la historia humana es que cada vez nos especializamos más en lo que producimos y cada vez diversificamos más lo que consumimos: avanzamos de la autosuficiencia precaria hacia una interdependencia mutua más segura».
Matt Ridley, Claves de la innovación
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