En ocasiones buscamos estructuras perfectas, planificación detallada y procesos estrictamente ordenados para avanzar con mayor eficacia. Sin embargo, muchas veces esa obsesión por el orden puede limitar la creatividad, la experimentación y la capacidad de adaptación.
Tim Harford lo expresa con claridad en su libro:
"La tesis de este libro es que a menudo caemos en la tentación de actuar de forma ordenada cuando nos iría mejor aceptar cierto grado de desorden."
— Tim Harford, El poder del desorden: Para transformar nuestra vida
La reflexión invita a replantear nuestra relación con el orden. Un cierto grado de desorden, entendido como flexibilidad, diversidad de enfoques o espacio para la improvisación, puede ser precisamente lo que permite descubrir nuevas soluciones, aprender más rápido y afrontar la complejidad del mundo actual.
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