viernes, mayo 08, 2026

Quote sobre la complejidad social de Mancur Olson (leído en Abundancia: Cómo construimos un mundo mejor) #complejidad #social #abundancia #MancurOlson

Quote sobre la complejidad social de Mancur Olson:

“Todas las sociedades, cualesquiera que sean sus instituciones y la ideología que las gobierne, conceden más recompensas a los más capaces: a los más capaces para esa sociedad”.


Esta reflexión, citada en el libro Abundancia: Cómo construimos un mundo mejor de Ezra Klein y Derek Thompson, remite a una idea clave del economista Mancur Olson: las sociedades evolucionan de tal forma que terminan premiando a quienes mejor saben moverse dentro de su propia estructura institucional.

La observación parece simple, pero tiene implicaciones profundas para entender cómo cambian las economías y las profesiones con el tiempo.

Del talento para construir al talento para gestionar

En las primeras fases de desarrollo de un país —cuando hay infraestructuras por crear, ciudades por levantar o industrias por fundar— la sociedad recompensa a quienes saben construir cosas nuevas. Ingenieros, científicos, arquitectos o emprendedores encuentran abundantes oportunidades, porque el principal desafío colectivo es material: carreteras, fábricas, viviendas o sistemas energéticos.

Pero a medida que una sociedad madura, la complejidad institucional crece. Se multiplican las leyes, regulaciones, organismos, grupos de interés y procedimientos administrativos. En ese contexto surge un nuevo tipo de habilidad especialmente valiosa: la capacidad de navegar y gestionar esa complejidad.

Así, las recompensas empiezan a concentrarse en profesiones como abogados, consultores, expertos regulatorios o asesores estratégicos. No necesariamente porque produzcan bienes tangibles, sino porque saben interpretar y manejar el entramado institucional existente.

El incentivo invisible: aumentar la complejidad

Aquí aparece el punto más provocador de la tesis. Si la sociedad recompensa a quienes dominan la complejidad, se genera un incentivo indirecto: los individuos más capaces pueden dedicar su talento a sortearla… o incluso a ampliarla.

El resultado puede ser una especie de “economía de la fricción”: más normas que interpretar, más procedimientos que gestionar y más intermediarios especializados.

Este fenómeno conecta con otra idea conocida de Olson, la llamada Institutional sclerosis, según la cual las sociedades estables tienden a acumular reglas y grupos de interés que, con el tiempo, ralentizan la innovación y el crecimiento.

No se trata necesariamente de un proceso malintencionado. Muchas de estas normas nacen con buenas intenciones —proteger el medio ambiente, garantizar la seguridad o equilibrar intereses—. Sin embargo, su acumulación puede terminar desviando el talento humano hacia tareas de gestión del sistema en lugar de creación de valor nuevo.

Una pregunta para las sociedades avanzadas

La reflexión de Olson plantea una cuestión estratégica: ¿en qué actividades estamos incentivando a nuestros mejores talentos?

Si una economía recompensa principalmente la habilidad para navegar la burocracia, es probable que muchos de sus profesionales más brillantes se dediquen a optimizar procesos, negociar regulaciones o gestionar riesgos legales.

Si, por el contrario, el sistema premia la construcción, la innovación y la experimentación, esos mismos talentos tenderán a crear empresas, tecnologías o infraestructuras.

En última instancia, la distribución del talento en una sociedad no es solo una cuestión cultural o educativa. Es también el reflejo de los incentivos que su propio sistema institucional genera. Y como sugiere Olson, esos incentivos pueden terminar moldeando —para bien o para mal— el rumbo de su desarrollo.


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