Hay pocas imágenes más poderosas para entender la historia del progreso que una curva que permanece casi plana durante milenios y, de repente, se dispara. La idea que recuperan Ezra Klein y Derek Thompson en el recomendable libro Abundancia es a partir de Charles Mann que describe el momento en que la humanidad dejó de depender exclusivamente de los flujos energéticos inmediatos (músculo, madera, viento o agua) y empezó a utilizar la energía solar acumulada durante millones de años bajo tierra.
Ese acceso masivo a energía densa y barata explica, en gran medida, la explosión simultánea de indicadores que hoy asociamos al bienestar: más años de vida, menos mortalidad infantil, mejor alimentación, aumento de la renta y una población mundial capaz de sostenerse en niveles antes impensables. No fue un cambio gradual ni orgánico; fue un salto sistémico que transformó la producción, el transporte, la agricultura, la medicina y la vida urbana.
Pero la lectura contemporánea de esa curva introduce una tensión inevitable. La misma base energética que permitió la abundancia material es la que hoy condiciona los límites ecológicos del planeta. Entender ese origen común ayuda a escapar de los debates simplistas: la discusión no es entre progreso y sostenibilidad, sino cómo mantener los niveles de bienestar alcanzados sustituyendo el fundamento energético que los hizo posibles.
En ese sentido, la reflexión conecta con uno de los grandes retos de nuestro tiempo: repetir un salto histórico —esta vez hacia energías limpias, electrificación y nuevas tecnologías— con la suficiente velocidad como para sostener la prosperidad sin reproducir sus costes. La pregunta ya no es cómo crecimos, sino si somos capaces de reinventar la abundancia.
«Pensemos en cualquier indicador del bienestar humano —longevidad, nutrición, renta, mortalidad, población global— y hagamos un gráfico con su valor a lo largo del tiempo», escribe Charles Mann en The Wizard and the Prophet (El mago y el profeta). «En casi todos los casos se observa que [esos indicadores] se van modificando muy ligeramente durante miles de años, hasta que se acentúan bruscamente durante los siglos xviii y xix, cuando los seres humanos aprenden a manejar la energía solar que está atrapada en el carbón, el petróleo y el gas natural»."
Leído en "Abundancia: Cómo construimos un mundo mejor (Ensayo)" by Ezra Klein, Derek Thompson, Jesús Cuellar
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