"Nosotros, los marcianos, jugamos un rol desproporcionado en el programa nuclear estadounidense. Así nos llamaban tras el chiste que hizo Fermi cuando le preguntaron si los extraterrestres eran reales: «Claro que lo son, y ya viven entre nosotros. Solo que se llaman húngaros». Les parecíamos alienígenas. Y quizá lo fuéramos. ¿Cómo es posible que un país tan pequeño –rodeado, como lo estaba, por enemigos en todos sus flancos, y dividido entre imperios rivales– produjera tantos científicos extraordinarios en tan poco tiempo? A Leo Szilard se le ocurrió la idea de la reacción en cadena que nos llevó a la bomba atómica mientras cruzaba una calle en Londres, en 1933, y luego patentó el primer reactor nuclear; von Kármán era un virtuoso del vuelo supersónico y de la propulsión a cohetes, por eso fue clave para el desarrollo de los misiles balísticos intercontinentales; yo mismo lideré el equipo que diseñó los reactores necesarios para convertir uranio en plutonio enriquecido apto para armas nucleares, y Teller tiene la dudosa distinción (que no carece de fundamento, pero que ha sido enormemente exagerada) de ser considerado como el padre de aquel Dios de la Muerte Destructor de Mundos, la bomba de hidrógeno. Por todo aquello, Jancsi –el más alienígena de nosotros– inventó su propio apodo sardónico para referirse a nuestro grupo: los jinetes húngaros del Apocalipsis. Él creía que los fabulosos logros intelectuales de nuestro país no eran producto de la historia, del azar o de cualquier tipo de iniciativa pública, sino debido a algo más extraño y fundamental: una presión ejercida sobre toda la sociedad de Europa central, una sensación subconsciente de extrema inseguridad que afectaba a cada individuo, y que dio como resultado la necesidad de producir algo extremadamente inusual o enfrentarse a la extinción."
from MANIAC by Benjamín LabatutTweet
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